ESPECIAL: Migrantes en México prefieren el “sueño mexicano” al “americano”

Por Luis Brito

MÉXICO, 18 sep (Xinhua) — El congoleño Ndombe Jhon mira su futuro en México con optimismo pese a que la pandemia por la COVID-19 lo dejó sin empleo, borrando los avances que el migrante consiguió en su primer año en el país.

“Son momentos que llegan en nuestra vida pero pasan para quien es un campeón, para quien tiene fe, que está detrás de su sueño. Yo digo que sí voy a conseguir lo que estoy buscando”, dijo a Xinhua el hombre originario de la República Democrática del Congo (RDC).

Jhon, de 32 años, figura entre los numerosos migrantes de distintos países que han optado por buscar asilo o mejores oportunidades en México en lugar de en Estados Unidos, desalentados de migrar a ese país por la dura política antimigrante de la Administración Trump.

“Lo que yo escucho de muchas personas es que en Estados Unidos es muy complicado para los migrantes (…) Escucho que hay mucho racismo”, explicó.

El hombre llegó a la frontera sur en junio de 2019, apenas después de que la migración hacia Estados Unidos por México tuvo un pico récord, una situación que provocó tensiones entre los dos países vecinos.

Contó que su largo periplo desde la RDC, en el centro de África, abarcó meses en los que hizo escalas en Cuba, Panamá y Costa Rica.

Otros migrantes africanos, centroamericanos y caribeños junto con los que entró al estado mexicano de Chiapas desde Guatemala tenían en mente seguir hacia Estados Unidos, pero Jhon apuntó que no compartía esa idea.

“Estados Unidos no fue mi sueño, la verdad, yo quería quedarme en México, ese fue mi sueño”, dijo.

Jhon obtuvo la condición de refugiado y en la Ciudad de México encontró trabajo en una fábrica de plástico con un salario que le permitía rentar una vivienda, pero igual que cientos de miles de mexicanos quedó desempleado tras la suspensión de actividades de casi tres meses por la COVID-19.

A inicios de septiembre, el hombre se alojó en Casa Tochan, un albergue para solicitantes de refugio y migrantes en un barrio del oeste de la capital mexicana, mientras consigue un nuevo empleo como electricista u obrero.

“No tenía nada para comer, no tenía dinero para pagar mi renta, muy complicado (…) Otra vez a empezar de nuevo, con ánimo, porque me considero una persona de fe”, agregó.

La directora de Casa Tochan, Gabriela Hernández, declaró a Xinhua que en el albergue se repiten historias de migrantes que se quedan en México, como Jhon, porque las políticas del actual Gobierno estadounidense desaniman o al menos retrasan sus intención de cruzar la larga frontera común.

La idea de ganar en dólares para enviar remesas a sus hogares o reunirse con la familia en Estados Unidos es un aliciente para muchos migrantes, principalmente centroamericanos, pero cada vez encuentran más dificultades, explicó.

“El 90 por ciento de las personas que entran al país de forma irregular, hablando de centroamericanos, africanos o caribeños, no entran con el deseo de quedarse en México, las circunstancias que se van encontrando han hecho que México se convierta en país de destino”, indicó la directora.

EE. UU. aumentó la vigilancia en porciones de la frontera con el muro y restringió la política de asilo enviando solicitantes a México para esperar su proceso, además de que aprovechó la pandemia para aplicar una polémica regla por la que expulsa de inmediato a migrantes detenidos.

En ese contexto, las solicitudes de asilo a México se dispararon a una cifra sin precedentes de 70.600 personas el año pasado, más de doble que en 2018, en su mayoría de Centroamérica.

Según las cifras de la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (Comar), más de 24.000 personas pidieron asilo en los primeros ocho meses de este año, pese a que el flujo de migrantes por México se desplomó por la pandemia.

Hernández apuntó que los migrantes generalmente consiguen trabajo en la construcción o restaurantes, pero enfrentan un escenario de empleos precarios en México, donde la informalidad laboral creció tras el confinamiento para contener la COVID-19.

“Los hondureños nos platican que es casi lo mismo en salarios y con la desventaja de que tienen que rentar y mandar dinero a su familia”, comentó la encargada del albergue, el cual funciona gracias a donaciones.

El hondureño Jorge Madrid, de 33 años, relató que llegó a México dentro de la masiva caravana de inicios de 2019 con la intención de establecerse en el país.

Madrid, un gestor cultural y escritor, dijo que salió de Honduras por su activismo político, pero no se veía migrando a Estados Unidos porque cuestiona la política exterior de Washington hacia Centroamérica y, en segundo lugar, por el rechazo del presidente estadounidense, Donald Trump, a la migración.

“No miraba un contexto propicio para decir ‘yo también voy a ir a hacer fila para esperar una solicitud de refugio’, sabiendo que la realidad de Estados Unidos en la actualidad tampoco es tan clara y agradable, como lo creen muchos compatriotas”, indicó.

La pandemia de COVID-19 dejó al hondureño en el desempleo porque cerró el restaurante donde laboraba, una situación que, según una reciente encuesta de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), enfrentaba más de la mitad de migrantes en México y la región.

Madrid, que vivía en la ciudad de Guadalajara (oeste), se alojó en Casa Tochan mientras se desahoga su solicitud de refugio y emprende carrera en la capital del país, pues, igual que el congoleño, confía en un “sueño mexicano”.

“Lo puedo denominar así, porque indudablemente México es un país culturalmente muy grande y que da oportunidad a las personas que quieren desarrollarse”, afirmó. 

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