China en las Naciones Unidas

Por JORGE NUÑO JIMÉNEZ*

Han transcurrido 50 años desde que la República Popular China ingresó a la ONU, con la obligación de luchar por la paz, el multilateralismo, la cooperación internacional y la resolución pacífica de las controversias. Aquel 26 de octubre de 1971 dio comienzo una nueva etapa de equilibrio en la comunidad internacional.

Haber sido testigo de esa histórica sesión en la sede la ONU, me fue útil para afinar mi tesis sobre la Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados y el Nuevo Orden Económico Internacional (NOEI).

Es bien sabido que la República Popular China fue desde su ingreso un conductor de la paz mundial con enormes aportaciones a la no intervención y a la construcción de un nuevo orden mundial.

Hace 50 años, China estaba aislada y era víctima de la Guerra Fría, deseaba su ingreso al organismo internacional que en justicia le correspondía, fracasando año con año. La razón era muy simple: Estados Unidos se oponía, fundándose en el apartado 2 del artículo 18 de la Carta de la ONU que establece: las decisiones de la Asamblea General en asuntos importantes se tomarán por el voto de la mayoría calificada, “dos tercios” de los miembros, en temas como la admisión de nuevos miembros o la expulsión de algunos.

El ingreso de la República Popular China no era un asunto menor, era muy importante. La propuesta de resolución fue capitaneada por Albania, que propuso el ingreso de la llamada “China Popular” y la expulsión de la “China Nacionalista” (Formosa o Taiwan), representada por la camarilla de Chiang Kai-shek. Siempre triunfaba la tesis de Estados Unidos, que argumentaba que si ingresaba China a la ONU alteraría el equilibrio y la seguridad mundial. La historia nos ha mostrado todo lo contrario.

El 25 de septiembre de 1971, la Asamblea General recibió el proyecto de resolución patrocinado por 23 Estados, entre ellos Albania y 17 Estados más que pedían la restitución a la República Popular China de todos sus legítimos derechos, reconociendo a los representantes de su Gobierno como únicos representantes de China en las Naciones Unidas, así como expulsar inmediatamente a los representantes de Chiang Kai-shek, que ocupaban ilegalmente la posición en la ONU.

Estados Unidos proponía la “teoría de las dos Chinas”, la cual era irreconciliable. Taiwan contaba en aquel entonces con 14 millones de habitantes y la República Popular China, con 700 millones.

A ese histórico debate de la XXVI Asamblea se presentó inesperadamente el presidente de México, Luis Echeverría Álvarez, el 5 de octubre de 1971. Entre diversos temas, en su discurso tocó el asunto del ingreso de China con la siguiente tesis: “Un avance trascendental para realizar el principio de universalidad será dar la bienvenida durante el actual periodo de sesiones a los representantes de la nación que alberga en su territorio a la cuarta parte de la población mundial: la República Popular China y su consecuente ingreso al sitio que le corresponde en el Consejo de Seguridad. Al mismo tiempo, será necesario reconocer que la soberanía y la integridad territorial de la nación de China son jurídicamente indivisibles”.

Este discurso provocó una enorme simpatía en la Asamblea, por su visión cargada de futuro y defensa del principio de universalidad.

Lo anterior condujo a la suspensión de las relaciones diplomáticas con Taiwan. Previamente, el Gobierno de la República Popular China se acercó a México por conducto de nuestra embajada en Francia y también en la representación permanente en la ONU, a cargo del embajador Alfonso García Robles, de gran experiencia diplomática y a quien le guardo gratitud por haberme honrado con la revisión de mi tesis.

Finalmente, las dos repúblicas amantes de la paz y la cooperación mundial firmaron un comunicado conjunto el 14 de febrero de 1972. En este instrumento establecieron sus relaciones diplomáticas fundadas en la igualdad jurídica de los Estados, respeto a sus soberanías, independencia territorial, no agresión, no intervención y autodeterminación.

El comunicado fue firmado por el embajador Alfonso García Robles y Huang Hua, ambos representantes permanentes en la ONU.

*Jorge Nuño Jiménez es rector de la Universidad del Golfo de México.

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