China mira hacia la Tierra desde Marte

Por Augusto Soto*

Cuando los lectores de China Hoy lean este artículo, los tres astronautas de la nave espacial Shenzhou-12 ya llevarán varios días trabajando en la estación orbital Tiangong (“Palacio Celestial”, en español), a la que se acoplaron horas después de despegar desde el Centro de Lanzamiento de Satélites de Jiuquan, en el noroeste de China, el pasado 17 de junio. Este es uno de los hitos espaciales que está protagonizando el país durante 2021. Los otros tres fueron las labores científicas del vehículo de superficie en el lado oscuro de la Luna (que integra una línea investigativa con un nuevo impulso a partir de 2027), además de la labor de campo realizada desde mayo de este año por el astromóvil denominado Zhurong en la superficie marciana y, por cierto, los 13 satélites enviados al espacio el pasado noviembre y en el que destaca el primero del mundo propulsado por tecnología 6G.

Con estos espectaculares antecedentes, actualmente Beijing sopesa enviar una nave hacia los confines del sistema solar. Es un objetivo aún no emprendido por el ser humano que, de aprobarse, debiera lograrse en 2049, coincidiendo con el centenario de la República Popular China. Y pese a que hay otras potencias científicas con proyectos trascendiendo el firmamento, hoy no hay nada similar a la planificación china. Más aún, podría decirse que se trata de la concreción de una visión espacial que en términos filosóficos es un verdadero diálogo con el universo. Y en lo que atañe a la vida práctica, semejante planificación está llamada a tener efectos en nuestra vida futura porque, ciertamente, la acción en los cielos incide en nuestro planeta.

Innovación en la Luna, Marte y más allá

En lo que respecta al planeta rojo, tras más de un mes allí en una misión que continúa en julio, el diestro astromóvil Zhurong se ha dado el lujo de realizar una serie de autofotos, enviándolas a la Tierra mediante una señal inalámbrica. Pero semejante logro, que asombra a la comunidad científica mundial, a los inventores, a las nuevas generaciones y, en fin, a los filósofos, es uno entre muchos. Como sabemos, el Zhurong viajó siete meses en la sonda Tianwen-1 para luego aterrizar en una vasta llanura de lava en Marte. Desde entonces, el vehículo de 240 kilos de peso y asentado sobre seis ruedas se desplaza a una velocidad máxima de 200 metros por hora superando obstáculos de hasta 30 centímetros. Periódicamente fotografía, recopila datos geográficos y analiza muestras rocosas en sus desplazamientos por la superficie marciana, con una capacidad de remontar cuestas de hasta 20 grados de inclinación.

Así, la comunicación inalámbrica desde la base en la Tierra que coordina la movilidad en Marte tiene promisorias perspectivas de incidir en el avance de la transmisión fotográfica. Más aún, la interacción sin cables en el marco de la inteligencia artificial ­­puede, por ejemplo, contribuir decisivamente en nuestro planeta a la telemedicina a distancia y a acelerar el desplazamiento de gigantescos navíos no tripulados, lo que facilitará también la andadura de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

Y, más cerca de nosotros, está el caso de los astronautas que entraron en órbita alrededor de la Tierra en la estación espacial hace unos días. Conviene recordar que orbitan sobre nosotros amparados en una tecnología de paneles solares, ámbito en el que China se ha convertido en líder mundial durante la última década. Una innovación muy particular ha sido la técnica de navegación que les condujo allí. En vez de las muchas más horas que demandaba alcanzar la estación orbital, lo han logrado en 7 horas. Además del ahorro de tiempo, permite a los astronautas entrar más pronto en acción y disminuir la fatiga. Otros avances en este campo incluyen un incremento en la cantidad de sistemas automatizados y de control a distancia, lo que disminuye significativamente la presión sobre la tripulación, permitiéndole concentrarse en quehaceres más significativos.

Y en el caso del satélite que funciona con 6G, antes mencionado, y que hoy orbita la Tierra, incluye tecnología utilizable para el monitoreo de desastres en cultivos y la prevención de incendios forestales en nuestro planeta.

En fin, las misiones a la Luna, hoy en pleno desarrollo y las planificadas para 2027 (cuando se agregarán más vehículos de superficie, pruebas locales de vuelo allí e incluso la ejecución de impresiones en 3D), contemplan el desarrollo de la capacidad productiva de energía solar utilizable en la Tierra.

Por último, el desarrollo del mayor telescopio del hemisferio norte, hoy en construcción en la provincia noroccidental de Qinghai, se espera que permita a la ciencia lograr avances, además de en astronomía, en una mejor comprensión del concepto del tiempo, en la búsqueda de cuerpos celestes en el sistema solar exterior, así como en estudios de la estructura de la Vía Láctea, según han recordado hace un mes las autoridades del programa espacial chino.

Cooperación y perspectiva histórica

Recuérdese que China y Naciones Unidas lanzaron en 2019 nueve novedosos proyectos de cooperación internacional para la actual estación espacial china. Así, han participado 23 instituciones de 17 países en ámbitos tales como la física de microgravedad y la ciencia de la combustión, la astronomía, la medicina y las ciencias de la vida espaciales. En contraste, conviene recordar que legisladores estadounidenses han prohibido por ley que la Administración Nacional de Aeronáutica y Espacio (NASA, siglas en inglés) coopere con China, lo cual no contribuye en nada a un mejor desarrollo científico de la humanidad.

Cabe aquilatar que el actual proyecto espacial chino se ha estructuralmente apoyado en sus propias capacidades. Se trata de un avance que recuerda el surgimiento del primer computador chino de uso general, denominado Modelo 107, liderado por la ingeniera china Xia Peisu y estrenado en 1960. Tal adelanto, entre otros, desarrollado sin ningún intercambio clave con el exterior, facilitó que Beijing enviara su primer satélite al espacio en 1970.

Pero hay más. Observar la Tierra desde Marte nos hace constatar los adelantos espaciales y reflexionar sobre lo que ocurre tanto en el cielo como en nuestro globo terráqueo. En efecto, hace pocos días el más famoso profesor de física de Europa, el español Javier Solana, en dos seminarios distintos (uno con autoridades chinas y occidentales coorganizado por la Academia de Estudios Mundiales y de China Contemporánea) recordaba lo que los planificadores de cualquier país debieran sopesar actualmente. Subrayaba que China es una potencia industrial situada “en la frontera del conocimiento”. Como dato destacó Solana que en el último año se habían graduado en China más estudiantes de áreas científicas que en EE. UU. y otros países del mundo. Ello refleja el potencial de un tipo de progreso, además de comercial, científico e intelectual, con un porvenir aún mucho más gigantesco, y el programa espacial sirve para demostrarlo.

Por último, importa concluir recordando dos aspectos culturales. Por un lado, que la experiencia científica china en la época contemporánea es perfectamente coherente con su propia civilización, que ya hace más de dos milenos realizaba observaciones del cielo perfectamente documentadas. Y, paralelamente, que un ideal fundamental inherente a China hasta hoy ha sido procurar una gobernación terrenal que emule al orden celestial.

*Augusto Soto es director de Dialogue with China Project.

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