El pecado del intervencionismo estadounidense

BEIJING, 17 abr (Xinhua) — Adicto a la fuerza y la invasión, Estados Unidos, autoproclamada “ciudad brillante en la colina”, ha buscado durante mucho tiempo justificar sus desenfrenadas operaciones militares en nombre de la “intervención humanitaria”.

   La única superpotencia del mundo ha sido durante mucho tiempo el cerebro de una serie de desastres humanitarios y, de hecho, la creadora de guerras, disturbios y dolores en todo el mundo.

   Las estadísticas sugieren que desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta 2001 hubo al menos 248 conflictos armados en el mundo, de los cuales 201 fueron iniciados por Estados Unidos, según un artículo titulado “Desastres humanitarios graves causados por guerras agresivas de Estados Unidos contra países extranjeros”, recientemente publicado por la Sociedad China de Estudios de Derechos Humanos .

   Estas guerras no solo se cobraron la vida de un gran número de soldados, sino que también causaron bajas civiles extremadamente graves, disturbios sociales y pérdidas de propiedad, lo que resultó en desastres humanitarios alarmantes.

   Después de la Segunda Guerra Mundial, en un intento por consolidar su hegemonía global, Estados Unidos se convirtió en un entrometido profesional en los asuntos internos de otros países. Por lo general, Washington interfirió en nombre de la democracia, pero en realidad creó un desastre de derechos humanos tras otro bajo la bandera de los derechos humanos.

   Las sanciones económicas, la infiltración cultural, la incitación a disturbios y la manipulación de elecciones son jugadas comunes en el libro de texto del intervencionismo estadounidense contra los llamados “países ideológicamente hostiles”.

   La era en la que la situación mundial estaba determinada por una o pocas superpotencias ha acabado. El camino que toma un país se basa en sus propias tradiciones culturales y acumulación histórica, en la que ninguna fuerza externa tiene derecho a interferir.

   Cualquier país, que deliberadamente ponga su ansia hegemónica por encima de la soberanía de otros países y del derecho internacional, va en contra de la tendencia global y terminará aislado del resto del mundo.

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