Una vez más la magia de la diplomacia del ping-pong

BEIJING, 10 abr (Xinhua) — Hace cincuenta años, con un encuentro inesperado pero afortunado, los jugadores de ping-pong chinos y estadounidenses rompieron barreras ideológicas profundamente arraigadas y comenzaron un proceso de remodelación mundial que finalmente volvió a unir los dos países después de 20 años de hostilidad y aislamiento mutuos.

   Medio siglo después, bajo una fuerza visible en Washington que intenta desacoplar a los dos principales actores mundiales, ya estrechamente entrelazados, en detrimento del interés global, merece particularmente la pena echar una mirada retrospectiva al maravilloso legado y aprovechar una vez más el poder de la diplomacia del ping-pong.

   Lo que se puede aprender de la historia legendaria es que las diferencias culturales y sistemas políticos no son obstáculos reales para los intercambios entre pueblos y, lo más importante, que los dos países tienen el coraje y la sabiduría para dirigir su relación por el camino correcto.

   Cuando el jugador de ping-pong estadounidense Glenn Cowan subió ocasionalmente al autobús que transportaba al equipo chino en aquel día de 1971, en plena Guerra Fría, recibió de los jugadores chinos gestos de buena voluntad y respeto, en lugar de actos hostiles.

   Las interacciones amistosas ayudaron a ambas naciones, distanciadas desde hacía mucho tiempo, a conocerse mejor. Los líderes políticos de ambos países aprovecharon la señal positiva e impulsaron la normalización de las relaciones bilaterales, lo que condujo al establecimiento de lazos diplomáticos entre ambos países ocho años después. La pequeña pelota movió al gran mundo.

   A lo largo de las décadas, el conocimiento mutuo entre chinos y estadounidenses se ha profundizado enormemente y sus interacciones han surtido muchos frutos y beneficios para ambas partes y el resto del mundo.

   Los dos países tienen ahora 50 pares de provincias y estados hermanos y 231 pares de ciudades hermanas. Además, China ha sido una de las mayores fuentes de estudiantes internacionales en Estados Unidos desde hace varios años.

   En el aspecto económico, el comercio bilateral ha experimentado un increíble aumento, desde casi 2.500 millones de dólares registrados a fines de la década de 1970 a unos 600.000 millones de dólares el año pasado.

   Lo que China y Estados Unidos han logrado en las últimas décadas muestra que países y pueblos con sistemas y valores diferentes pueden respetarse mutuamente y vivir juntos en paz, siempre que tengan la voluntad de manejar las diferencias y aspirar a beneficios mayores y a largo plazo.

   Lamentablemente, durante los últimos cuatro años, algunos halcones en Washington intentaron desvincular las dos principales economías del mundo. Libraron guerras comerciales, obstruyeron la cooperación científica bilateral normal, impusieron restricciones a los estudiantes y viajeros chinos y vendieron mentiras absurdas sobre China relacionadas con la pandemia. Esas acciones han dañado gravemente la relación bilateral que muchos consideran como la más importante del mundo.

   De hecho, es otro momento vital para los dos grandes países. Hace cinco décadas, los entonces líderes de China y Estados Unidos optaron por aprovechar la oportunidad creada por sus atletas y acabaron con el distanciamiento entre los dos países. La comunidad mundial se maravilló de su coraje y perspicacia políticos.

   Como dijo el presidente chino, Xi Jinping, en su conversación telefónica con su homólogo estadounidense, Joe Biden, en la víspera del Festival de Primavera en febrero, es deseo común de ambos pueblos y de la comunidad internacional en general ver un desarrollo sólido y estable de las relaciones China-Estados Unidos.

   Aunque los días de la diplomacia del ping-pong son bastante diferentes a los de hoy, la cooperación y la comunicación siguen siendo el único camino a seguir para ambas partes. De hecho, China y Estados Unidos enfrentan oportunidades aún mayores y deben satisfacer las demandas para trabajar entre sí en un mundo de desafíos globales e interdependencia crecientes.

   Por lo tanto, los políticos en Washington deberían unirse a Beijing para que la relación de pueblo a pueblo entre los dos países siga creciendo. Eso puede comenzar con la retirada por parte de Washington de todas las medidas tóxicas impuestas por la anterior Administración estadounidense para normalizar los intercambios bilaterales.

   El desacoplamiento no es, ni nunca debería serlo, una opción. Por los intereses de ambos países y los de la comunidad mundial en general, los elaboradores de políticas en Washington deben mostrar el coraje y sabiduría de sus predecesores hace medio siglo y tomar la decisión audaz y correcta.

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