Texto íntegro del Registro de las violaciones de los derechos humanos en Estados Unidos en 2020. Parte III

III. La discriminación racial devasta las minorías étnicas

En Estados Unidos, el racismo existe de una forma integral, sistemática y continua. En una ocasión, el expresidente estadounidense Barack Obama dijo con desesperanza: “Para millones de estadounidenses, ser tratados de forma diferente a causa de su raza es trágicamente, dolorosamente, desquiciantemente ‘normal'”. En junio de 2020, la Alta Comisionada para los Derechos Humanos de las Naciones Unidas, Michelle Bachelet, hizo dos declaraciones consecutivas a los medios de comunicación, en las que hizo énfasis en que las protestas desatadas por la muerte del afroamericano George Floyd no solo ponían de relieve el asunto de la brutalidad policial en contra de la gente de color sino que también resaltaban la inequidad y la discriminación racial en cuanto a salud, educación y empleo en Estados Unidos. Si el país quiere avanzar desde su trágica historia de racismo y violencia, estas reivindicaciones tienen que ser escuchadas y atendidas. El 17 de junio, la 43ª sesión del Consejo de Derechos Humanos de la ONU celebró un debate urgente sobre el racismo. Esta fue la primera vez en la historia del Consejo de Derechos Humanos que se llevó a cabo una reunión urgente sobre el asunto de los derechos humanos en Estados Unidos. El 9 de noviembre de 2020, Estados Unidos fue severamente criticado por la comunidad internacional por discriminación racial en el marco del tercer ciclo de Revisión Universal Periódica por parte del Consejo de Derechos Humanos de las Naciones Unidas. El Comité sobre la Eliminación de la Discriminación Racial de las Naciones Unidas y otras instituciones señalaron que el racismo en Estados Unidos es espantoso. Los nacionalistas blancos, los neonazis y el Ku Klux Klan utilizan eslóganes, cantos y saludos abiertamente racistas para promover la supremacía blanca e incitar a la discriminaión racial y al odio. El creciente uso de un lenguaje divisivo y los intentos por marginalizar las minorías raciales, étnicas y religiosas en el discurso político, ha jugado las veces de llamado a la acción, facilitando la violencia, la intolerancia y el fanatismo. Tendayi Achiume, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, considera que para la gente negra de Estados Unidos, el sistema legal doméstico ha fallado absolutamente a la hora de reconocer y confrontar la injusticia y la discriminación racial que está tan profundamente arraigada en los organismos de aplicación de la ley.

Se violaron los derechos de los indios estadounidenses. A lo largo de la historia, Estados Unidos ha perpetrado genocidios y masacres sistemáticos de sus pueblos indigenas, y también ha cometido incontables crímenes contra la humanidad. Los indígenas de Estados Unidos todavía viven una vida de ciudadanos de segunda clase y sus derechos han sido pisoteados una y otra vez. Muchas comunidades de bajos ingresos en Estados Unidos, entre ellas los indígenas, padecen elevadas tasas de cáncer y afecciones coronarias derivadas de entornos radioactivos. Muchos pueblos indígenas viven cerca de vertederos de desechos tóxicos y tienen una tasa anormalmente elevada de defectos congénitos. El 5 de agosto de 2020, el informe del Relator Especial de las Naciones Unidas sobre las implicaciones para los derechos humanos de la gestión y la eliminación ambientalmente racionales de las sustancias y los desechos peligrosos, emitido con arreglo a la resolución 36/15 del Consejo de Derechos Humanos, deploró la situación de los pueblos indígenas de Estados Unidos. Ellos están expuestos a contaminantes tóxicos emitidos o producidos por industrias extractivas, agrícolas o de manufactura, así como a la eliminación de los desechos resultantes, incluidos desechos nucleares. La polución de los suelos y aquella causada por polvo de plomo como resultado de la eliminación de desechos de la industria minera, representa un riesgo más significativo para la salud de los pueblos indígenas que para otros grupos en Estados Unidos. Un informe del Relator Especial sobre la libertad de religión o de creencias de acuerdo con la resolución 74/145 de la Asamblea General, encontró que Estados Unidos había abierto a la inversión las tierras del pueblo indígena Tribu Sioux Roca Enhiesta sin el consentimiento de las comunidades o en contravención de su acostumbrada tenencia colectiva de la tierra. El informe del Relator Especial sobre una vivienda adecuada como un elemento integrante del derecho a un nivel de vida adecuado y sobre el derecho de no discriminación a este respecto de acuerdo con la resolución 43/14 del Consejo de Derechos Humanos, dijo que algunos de los efectos más devastadores de la pandemia de COVID-19 han sido sentidos por las minorías étnicas y los pueblos indígenas. En Estados Unidos, la tasa de hospitalización de los indígenas estadounidenses equivalía a cinco veces la de los ciudadanos blancos no hispanos. La tasa de mortalidad de los indígenas estadounidenses está superando por mucho la de los blancos estadounidenses.

El abuso en contra de los estadounidenses de origen asiático escaló. Desde el comienzo de la pandemia de COVID-19, los incidentes de los estadounidenses de origen asiático siendo humillados e incluso asaltados en público se han generalizado, y algunos políticos estadounidenses han confundido a la ciudadanía intencionalmente. “Ser asiáticos en Estados Unidos durante el furor de la pandemia causa una enorme soledad”, de acuerdo con un informe publicado en la página web de The New York Times el 16 de abril de 2020. Una encuesta realizada entre jóvenes estadounidenses de origen asiático mostró que en el año pasado un cuarto de los asiáticos-estadounidenses fueron blanco de acoso racial; preocupados por las afirmaciones racistas del líder estadounidense de entonces, cerca de la mitad de los entrevistados manifestó su pesimismo sobre su situación, y una cuarta parte dijo sentir miedo sobre la situación de ellos y de sus familias, según un informe publicado en el sitio en internet de la National Broadcasting Corporation (NBC) el 17 de septiembre de 2020. El 23 de marzo y el 21 de abril de 2020, Tendayi Achiume, Relatora Especial de las Naciones Unidas sobre las formas contemporáneas de racismo, discriminación racial, xenofobia y formas conexas de intolerancia, dijo que los políticos de los países relacionados tomaron la inciativa de emitir declaraciones sugestiva o abiertamente xenófobas, adoptando nombres alternativos con segundas intenciones en relación con el nuevo coronavirus. Esas afirmaciones, que asociaban una enfermedad específica con un país o una etnia específica fueron irresponsables y perturbadoras. Funcionarios del Gobierno de Estados Unidos abiertamente incitaron, indujeron y toleraron la discriminación racial, lo que fue equivalente a humillar los conceptos modernos de los derechos humanos.

El gran número de los crímenes de odio puso de relieve el deterioro de las relaciones de raza. Un informe emitido por el FBI en 2020 mostró que el 57,6 por ciento de los 8.302 crímenes de odio con un solo prejuicio reportados por las agencias de aplicación de la ley en 2019 fueron motivados por raza/etnia/ancestros. De estos delitos, el 48,4 por ciento fue motivado por prejuicios antinegro o anti-afroestadounidense; el 15,8 por ciento obedeció a un prejuicio antiblanco; el 14,1 por ciento fue definido por un prejuicio antihispano o antilatino, y el 4,3 por ciento se debió a un prejuicio antiasiático. Entre las 4.930 víctimas de delitos de odio por motivación racial, por lo menos 2.391 eran descendientes de africanos. Algunos estadounidenses acusaron a los estadounidenses de origen asiático de ser los causantes del brote epidémico, y ha habido un número creciente de crímenes de odio e incidentes de acoso y discriminación contra asiáticos-estadounidenses, de acuerdo con un informe publicado en la página en internet de USA Today el 20 de mayo. Estadísticas de la organización de derechos civiles Stop AAPI Hate muestran que hubo más de 2.300 crímenes de odio en contra de estadounidenses de origen asiático en Estados Unidos durante los primeros siete meses de 2020.

La violencia policial descontrolada llevó frecuentemente a la muerte de afroaestadounidenses. El 13 de marzo de 2020, Breonna Taylor, una estadounidense de origen africano de 26 años, fue asesinada a tiros por la policía en su propia casa. La mujer fue impactada por ocho proyectiles. El 25 de mayo de 2020, George Floyd, un afroestadounidense de 46 años, murió después de que un policía blanco presionara una rodilla sobre su cuello en una calle. El 23 de agosto de 2020, Jacob Blake, también afroestadounidense y de 29 años, resultó gravemente herido cuando agentes de policía le dispararon siete veces en la espalda mientras este abordaba un vehículo. En ese momento, los tres hijos de Blake estaban en el automóvil y fueron testigos del aberrante hecho. La policía de Estados Unidos dio muerte a tiros a 1.127 personas en 2020, y solo en 18 días no se registraron incidentes de ese tipo, de acuerdo con la base de datos especializada Mapping Police Violence. Los afroestadounidenses representan el 13 por ciento de la población de Estados Unidos, pero fueron el 28 por ciento de las personas asesinadas por la policía. Los estadounidenses de origen africano eran aproximadamente tres veces más propensos que los blancos a ser asesinados por la policía. De 2013 a 2020, cerca del 98 por ciento de los policías involucrados en tiroteos no fueron acusados de delito alguno, y el número de casos en los que se aplicó una condena fue aún menor.

La gente de color resultó más afectada por la pandemia. La tasa de contagio y muerte de la neumonía COVID-19 en Estados Unidos mostró evidentes diferencias raciales. La tasa de infección, hospitalización y muerte de los afroestadounidenses superó en tres, cinco y dos veces, respectivamente, la los blancos, según un informe entregado por el Grupo de Trabajo de Expertos sobre Personas de Ascendencia Africana al Consejo de Derechos Humanos de la ONU el 21 de agosto de 2020. “Nada pone de relieve de manera más clara las disparidades de color en Estados Unidos que la vida y la muerte en el gran confinamiento”, dice un informe publicado en el sitio web del Financial Times el 15 de mayo de 2020. Las disparidades raciales en el marco de la epidemia en Estados Unidos se extienden a los niños, de acuerdo con informes emitidos por los Centros para la Prevención y el Control de Enfermedades de Estados Unidos el 7 de agosto de 2020. Los niños de origen latino fueron hospitalizados a causa de la COVID-19 a una rata nueve veces superior a la de los niños blancos y los niños negros fueron ingresados a una rata seis veces superior. Barbara Ferrer, directora de salud pública del condado de Los Angeles, dijo que “el desproporcionado efecto del coronavirus sobre las personas negras y latinas tiene su raíz en el impacto del racismo y la disciminación en el acceso a los recursos y oportunidades que se necesitan para tener una buena salud”, según un reportaje de Los Angeles Times publicado el 10 de julio de 2020. La COVID-19 mata a más personas de color que a estadounidenses blancos, lo que podría atribuirse a los desiguales sistemas educativo y económico de Estados Unidos, que de manera desproporcionada dejan a la gente de color sin posibilidades de acceder a trabajos con salarios altos, a la discriminación en materia de vivienda, que acorrala a la gente de color en vecindarios atestados, y a políticas ambientales determinadas por funcionarios y agentes del poder blancos a expensas de los pobres, dice un artículo de USA Today. De los 10 condados de Estados Unidos con las más altas tasas de mortalidad por COVID-19, siete tienen poblaciones en las que la personas de color representan la mayoría, de acuerdo con datos compilados por USA Today. En 31 de los 50 condados con las tasas de mortalidad más altas, la población mayoritaria la componen personas de color.

La gente de color se enfrentó a una amenaza aún mayor de desempleo. El periódico The Guardian comentó en un artículo publicado el 28 de abril de 2020 que el fenómeno de “últimos contratados, primeros despedidos” era la realidad más frustrante para los afroestadounidenses. Un informe dado a conocer por el Departamento de Trabajo de Estados Unidos el 8 de mayo de 2020 reveló que la tasa de desempleo de los estadounidenses de origen africano y los latinos se dispararon un 16,7 y un 18,9 por ciento, respectivamente, an abril, ambas las más elevadas desde que se llevan registros. The Washington Post informó el 4 de junio de 2020 que después del gran confinamiento en primavera, menos de la mitad de todos los adultos negros contaban con un trabajo. Según estadísticas reveladas en septiembre por el Departamento de Trabajo, la tasa de desempleo para los negros era casi el doble de la de los blancos. El 20 de julio de 2020, el diario The Christian Science Monitor informó que los líderes de los sindicatos estaban haciendo un llamado a una huelga nacional de trabajadores en más de dos docenas de ciudades de Estados Unidos para protestar por el racismo sistemático y la desigualdad económica, que durante la pandemia del nuevo coronavirus se agravaron.

La discriminación racial sistemática fue evidente en la aplicación de la ley y en la justicia. En su edición en línea del 17 de diciembre de 2020, el periódico The Courier Journal informó que aunque cerca del 20 por ciento de la población de Louisville con edad legal para conducir era gente de color, representaban cerca del 57 por ciento de los cacheos, a pesar de que era mucho más probable que la policía encontrara contrabando en las inspecciones de blancos que de negros. En los últimos tres años, las personas de color representaron el 43,5 por ciento de los arrestos por parte del Departamento de Policía Metropolitana de Louisville. Los afroestadounidenses representan cerca del 13 por ciento de la población de Estados Unidos, pero al mismo tiempo son casi una tercera parte de toda la población carcelaria del país, lo que equivale a más de 1.000 presos afroamericanos por cada 100.000 personas de población afroamericana. Los jóvenes de color constituyen aproximadamente un tercio de la población menor de 18 años de Estados Unidos, pero representan dos tercios de los jóvenes encarcelados, según un informe publicado por la Conferencia Nacional de Órganos Legislativos Estatales el 15 de julio de 2020. La estación Iowa Public Radio News informó el 18 de diciembre de 2020 que en las prisiones de ese estado, los afroestadounidenses nacidos allí eran ingresados a una tasa equivalente a 11 veces la de los blancos. Además, la gente de color podía ser sentenciada a penas más largas que la gente blanca por los mismos delitos. El 15 de septiembre de 2020, Los Angeles Times informó que en los llamados “corredores de la muerte” de las cárceles de todo Estados Unidos había una mayor presencia de personas de color, y que los asesinos de negros tienen menos probabilidades de ser condenados a muerte que quienes asesinan a personas blancas. La organización noticiosa Davis Vanguard informó el 4 de diciembre de 2020 que la gente de color representa un desproporcionado 43 por ciento de las ejecuciones realizadas en Estados Unidos desde 1976, y que el 55 por ciento de los acusados en espera de ejecución son gente de color. “Vivimos en un país en el que el sistema de justicia está definido por el tamaño de tu billetera y el color de tu piel”, lamenta un artículo publicado por el diario Miami Herald el 18 de diciembre de 2020.

La discriminación racial en el lugar de trabajo está profundamente arraigada. De acuerdo con un reportaje emitido por CBS News el 7 de octubre de 2020, todos los más de 20 de agentes negros entrevistados, tanto activos como retirados, describieron algún tipo de discriminación racial en el FBI. Actualmente, los 10 cargos de liderazgo más altos en el FBI están ocupados por hombres blancos. Asimismo, solo el 4 por ciento de los 13.000 agentes del FBI en todo el mundo son negros, y las mujeres negras representan solo el 1 por ciento, cifras que prácticamente no han variado durante décadas. En el interior de esa entidad existen muestras de discriminación racial de vieja data, como la desproporcionada eliminación de aspirantes negros durante el proceso de entrenamiento. Eric Jackson, director del Comité de Diversidad y Asuntos de los Negros del FBI, definió la situación como “racismo institucionalizado”. Un informe de Los Angeles Times publicado el 2 de julio de 2020 acusó a Facebook Inc. de discriminación sistemática en la contratación, compensación y promoción de su personal negro. Según las propias estadísticas de la compañía, en 2019 solo el 1,5 por ciento de los empleados dedicados a labores técnicas en Estados Unidos eran negros, y en las posiciones de liderazgo la representación era de apenas el 3,1 por ciento. Dichos porcentajes apenas se han movido, incluso cuando el número de los empleados de la compañía creció un 400 por ciento en los últimos cinco años.

La discriminación social contra las minorías étnicas es generalizada. Una encuesta realizada por The Wall Street Journal y NBC News, y publicada el 9 de julio de 2020, encontró que muchos votantes estadounidenses, más exactamente el 56 por ciento, creen que la sociedad estadounidense es racista y discrimina a los negros y a los hispanos. El 14 de julio de 2020, Los Angeles Times informó que después del incidente que terminó con la muerte de George Floyd, más estadounidenses blancos reconocieron que hay una grave discriminación racial en su país. Un sondeo realizado en julio de 2020 mostró que en comparación con febrero los encuestados blancos son 18 puntos porcentuales más propensos a creer que los afroestadounidenses sufren frecuentemente de discriminación (del 22 por ciento al 40 por ciento), 10 puntos más inclinados a creer que los latinos sufren frecuentemente de discriminación (del 22 por ciento al 32 por ciento), y 13 puntos más dados a creer que los asiáticos sufren frecuentemente de discriminación (del 7 por ciento al 20 por ciento).

La desigualdad entre razas ha empeorado. De acuerdo con investigadores de la Universidad de Chicago y la Universidad de Notre Dame, la tasa de pobreza de Estados Unidos subió 2,4 puntos porcentuales de junio a noviembre de 2020, mientras la tasa de pobreza entre los estadounidenses de origen africano aumentó 3,1 puntos porcentuales. Según estadísticas, el hogar blanco promedio posee 41 veces más riqueza (calculada con base en la suma de los activos menos el total de deudas) que la familia negra promedio y 22 veces más que la familia latina promedio. La agencia de noticias Associated Press informó el 13 de octubre de 2020 que en 2019 solo el 33,5 por ciento de los hogares negros poseía acciones, según datos revelados por la Reserva Federal. Mientras tanto, entre los hogares blancos, la proporción se acercaba al 61 por ciento. El 23 de octubre de 2020, USA Today informó que en el primer trimestre de 2020 la tasa nacional de propiedad de vivienda para los hogares blancos era del 73,7 por ciento, en tanto que solo el 44 por ciento de los hogares negros poseía una vivienda. El periódico The Washington Post publicó el 4 de junio de 2020 un reportaje en el que afirmaba que más de una de cada cinco familias negras no tienen alimentos suficientes con frecuencia o algunas veces, más de tres veces la proporción en las familias blancas. El 11 de octubre de 2020, ABC News informó que en 2019, el 15,7 por ciento de los latinos vivía en la pobreza, cifra superior en más del doble a la de la población blanca pobre.

IV. Continua agitación social amenaza la seguridad pública

El Gobierno de Estados Unidos ha fallado en su tarea de mantener la ley y el orden, y los tiroteos y otros delitos violentos, que tenían ya una gran incidencia, registraron nuevos máximos durante la pandemia de COVID-19, causando pánico generalizado entre la ciudadanía. El uso desbordado de la violencia por parte de la policía en las labores de aplicación de la ley desató oleadas de protestas en todo el país. La policía ha abusado de la fuerza para suprimir las protestas, y atacó y arrestó periodistas a gran escala, inflamando aún más la ira de la ciudadanía y la persistente agitación social.

Las estadísticas delincuenciales aumentaron durante la pandemia. Aunque las actividades al aire libre se redujeron drásticamente como resultado de las varias medidas adoptadas para hacer frente a la pandemia, las tasas de delitos aumentaron en las grandes ciudades durante ese período. De acuerdo con el Informe Preliminar Uniforme sobre Delitos, dado a conocer en septiembre de 2020, en la primera mitad del año el número de asesinatos y homicidios involuntarios aumentó un 14,8 por ciento interanual, con ciudades con poblaciones de entre 250.000 y 500.000 personas reportando un incremento del 26 por ciento. Durante ese mismo lapso, el número de casos de piromanía aumentó un 19 por ciento frente a un año antes, y en ciudades con poblaciones de un millón o más habitantes, la cifra subió un 52 por ciento. Los asesinatos en Chicago se dispararon un 37 por ciento, en tanto que los incendios provocados aumentaron un 52,9 por ciento. La ciudad de Nueva York registró un incremento del 23 por ciento en los homicidios, mientras Los Angeles experimentó un aumento del 14 por ciento en los asesinatos.

El número de delitos violentos siguió siendo alto. Según informes del FBI revelados en 2020, se estima que durante 2019 se registraron en Estados Unidos 1,2 millones de delitos violentos, incluidos 16.425 asesinatos, 139.815 violaciones, 267.988 robos y 821.182 asaltos agravados, lo que se traduce en cinco asesinatos, más de 40 violaciones, 80 robos y 250 asaltos agravados por cada 100.000 habitantes.

Las ventas de armas y los tiroteos alcanzaron máximos históricos. Un estudio de la Universidad de California-Davis encontró un incremento significativo en la violencia con armas de fuego en Estados Unidos relacionado con un aumento en la adquisición de armas de fuego durante la epidemia del nuevo coronavirus. Una nueva sensación de inestabilidad e inseguridad relacionada con el temor al virus, ha motivado incluso a personas que se consideran enemigas de las armas a comprar armas de fuego por primera vez. El diario The Washington Post informó en su página web el 19 de enero de 2021 que los confinamientos por la COVID-19, las protestas en contra del racismo y los conflictos relacionados con las elecciones, llevaron a la venta de un récord de 23 millones de armas de fuego en 2020, lo que representa un incremento del 64 por ciento con respecto a la cifra de 2019. Las estadísticas de 2020 incluyen más de 8 millones de compradores por primera vez, de acuerdo con la Fundación Nacional de Deportes de Tiro. USA Today informó en su sitio de internet el 18 de diciembre de 2020 que, en relación con los homicidios cometidos con armas de fuego, históricamente Estados Unidos ha reportado una tasa cerca de 25 veces más alta que la de otras naciones ricas. De acuerdo con datos del Archivo de Violencia con Armas de Fuego, más de 41.500 personas murieron víctimas de armas de fuego en todo el país norteamericano en 2020, es decir un promedio de más de 110 por día, una cifra récord. Se registraron 592 tiroteos masivos en todo el país, más de 1,6 por día en promedio. Balaceras en el condado de Chatham, en Carolina del Norte; el condado de Riverside, en California, y el condado de Morgan, en Alabama, dejaron cada una siete muertos. A finales de mayo, Chicago vivió un fin de semana fatídico, cuando 85 personas fueron impactadas por proyectiles, 24 de ellas sufriendo heridas mortales. En la tarde del 9 de enero de 2021, en Chicago, un hombre de 32 años, Jason Nightengale, disparó indiscriminadamente dejando tres muertos y cuatro heridos.

La muerte de George Floyd a causa de la brutalidad policial desató agitación. El 25 de mayo de 2020, George Floyd, un afroestadounidense de 46 años originario del estado de Minnesota, murió después de que un oficial de policía blanco le presionara el cuello con la rodilla durante ocho minutos mientras lo arrestaba por presuntamente haber cometido un fraude. El alcalde de Minneapolis, Jacob Frey, dijo que lo que había visto estaba “mal desde todos los puntos de vista”, y manifestó que “ser negro en Estados Unidos no debería ser una sentencia de muerte”. El abogado de derechos civiles Ben Crump dijo en una declaración que “este uso de la fuerza abusivo, excesivo e inhumano le costó la vida a un hombre que estaba siendo detenido por la policía para interrogarlo sobre un señalamiento de un delito no violento”. Kristen Clark, presidenta y directora ejecutiva del Comité Nacional de Abogados para los Derechos Humanos bajo la Ley, dijo: “En este momento, la profundidad del desespero de la gente negra de este país es enorme en este país. Agréguenle la desbordada violencia policial y tienen la tormenta perfecta”. La brutalidad policial desató una indignación visceral, la cual desencadenó en protestas en apoyo del movimiento Black Lives Matter (Las vidas negras importan) en todo Estados Unidos, así como en otros países. El malestar escaló a lo largo y ancho del territorio estadounidense, e hizo que los manifestantes bloquearan calles y construyeran barricadas para hacer frente a la policía. Un gran número de comisarías, instituciones públicas y centros comerciales fueron saqueados. El periódico The Guardian informó el 8 de junio de 2020 en su sitio de internet que desde la muerte de George Floyd a manos de la policía, alrededor de 140 ciudades en todos los 50 estados de Estados Unidos han sido escenario de protestas y manifestaciones en respuesta al asesinato.

Los manifestantes fueron reprimidos por la fuerza. Ante las intensas quejas públicas, el entonces líder de la administración estadounidense añadió combustible al fuego desplegando un gran número de soldados de la Guardia Nacional en todo el país y llamando a disparar. Blanco de balas de goma y gases lacrimógenos, el público se horrorizó y la sociedad cayó en el caos. Agentes federales estadounidenses apresaron manifestantes aparentemente sin causa. Más de 10.000 personas fueron arrestadas, incluidas muchas personas inocentes. La revelación de la muerte a tiros de Breonna Taylor, una mujer afroamericana, durante una redada policial alimentó una nueva ola de protestas de Black Lives Matter en 2020, y solo la ciudad de Louisville reportó arrestos de 435 personas durante el movimiento. The Guardian informó en su sitio web el 29 de octubre de 2020 que al menos 950 casos de brutalidad policial contra civiles y periodistas durante las protestas contra el racismo habían ocurrido desde mayo de 2020. La policía utilizó balas de goma, gases lacrimógenos y “fuerza letal ilegal” contra los manifestantes.

Periodistas fueron objeto de ataques sin precedentes por parte de las fuerzas del orden. Al menos ocurrieron 117 casos de periodistas arrestados o detenidos mientras trabajaban en la cobertura de las protestas contra el racismo en Estados Unidos en 2020, lo que representa un aumento del 1.200 por ciento con respecto a la cifra de 2019. The Guardian informó en su sitio web el 5 de junio de 2020 que los reporteros fueron golpeados, rociados con gas pimienta y arrestados por la policía en una cantidad nunca antes registrada en Estados Unidos. Hubo 148 arrestos o ataques contra periodistas en el país en el plazo de una semana después del incidente de George Floyd, lo que representa más de lo que se registró durante los tres años anteriores combinados. El Comité para la Protección de los Periodistas dijo en una declaración el 14 de diciembre de 2020 que los periodistas estadounidenses enfrentaron ataques sin precedentes en 2020, la mayoría llevados adelante por las fuerzas del orden.

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