Interferencia del G7 en asuntos de Hong Kong es absurda y fútil

BEIJING, 14 mar (Xinhua) — La declaración del Grupo de los Siete (G7) sobre la decisión de China de mejorar el sistema electoral de Hong Kong va en contra de los hechos y expone la naturaleza hipócrita del grupo.

   Para cerrar las lagunas en el sistema electoral de Hong Kong y prevenir que los perturbadores anti-China pongan en peligro la estabilidad y la seguridad de Hong Kong, la Asamblea Popular Nacional, el máximo órgano legislativo de China, adoptó el jueves una decisión que fue aprobada por una abrumadora mayoría de votos.

   En su declaración, los cancilleres de Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón, Reino Unido, Estados Unidos y el alto representante de la Unión Europea expresaron “preocupaciones” por esa decisión.

   Desde el regreso de Hong Kong a la patria en 1997, cómo diseñar y mejorar su sistema electoral ha sido un asunto interno de China, en el que los países extranjeros no tienen derecho a interferir.

   China se ha comprometido a implementar principios como “un país, dos sistemas”, “la administración de Hong Kong por los hongkoneses” y un alto grado de autonomía, lo que ha asegurado que los compatriotas de Hong Kong disfruten de derechos y libertades que eran imposibles bajo el dominio colonial británico.

   La comunidad mundial reconoce ampliamente que un país debe ser gobernado por patriotas, un principio que todos los países, incluidos los miembros del G7, siguieron al diseñar sus sistemas políticos.

   Después de la iniciativa de China para mejorar el sistema electoral de Hong Kong, a aquellos que no son patriotas y no aman la ciudad les resultará imposible entrar en los cuerpos de poder de Hong Kong y otras partes de la estructura administrativa.

   Sin embargo, eso no significa que la vida política de Hong Kong no tolerará opiniones y voces diferentes.

   Los patriotas que pertenecen a la oposición todavía pueden presentarse a las elecciones y ser elegidos de acuerdo con la ley. El Consejo Legislativo de Hong Kong será más representativo y se escucharán diferentes voces en el consejo, incluidas las críticas con el Gobierno.

   Como se sabe, algunos países del G7 han desempeñado un papel deshonroso en Hong Kong durante un largo período en un intento de interrumpir y contener el desarrollo de China.

   Nunca dejan de avivar las llamas, de entrometerse en política o incluso de regodearse por la violencia de los alborotadores que se ha visto en Hong Kong en los últimos años.

   Con fuerzas externas complaciendo a los perturbadores anti-China en nombre de la “libertad” y la “democracia”, Hong Kong apenas puede mantener el orden normal, sin mencionar la prosperidad y estabilidad a largo plazo.

   Rebosante de una retórica absurda que es puramente imaginaria y fabricada para confundir a la comunidad internacional, el G7 una vez más hizo caso omiso de la afirmación de China sobre su postura y violó gravemente la Carta de las Naciones Unidas (ONU) y las normas básicas de las relaciones internacionales. El anuncio parece servir para animar a sus agentes en Hong Kong.

   Sin embargo, la declaración hipócrita del G7 no puede cambiar el consenso general de la comunidad internacional de apoyar al Gobierno chino en la adopción de medidas efectivas para salvaguardar la prosperidad y estabilidad de Hong Kong.

   Durante la 46 sesión en curso del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, un representante bielorruso pronunció un discurso conjunto en nombre de 70 países, enfatizando que los asuntos de Hong Kong son asuntos internos de China y no deben ser interferidos por fuerzas externas.

   Más de 20 países hicieron respectivos comentarios en apoyo de la posición y las medidas de China sobre las cuestiones relacionadas con Hong Kong.

   La interferencia extranjera nunca influirá en la resolución de China de implementar el principio de “un país, dos sistemas” y salvaguardar la prosperidad y estabilidad a largo plazo de Hong Kong. Es el pueblo chino, incluidos los compatriotas de Hong Kong, el que realmente se preocupa por el destino de Hong Kong y tiene voz en su desarrollo.

   El G7 debería dejar de jugar a la política y abandonar la ilusión de que puede frenar la reforma del sistema electoral de Hong Kong. Su inútil intromisión está condenada al fracaso y, de continuar, tendrán que pagar un precio.

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