China ha vuelto para quedarse

La firma de la RCEP nos habla de los grandes avances en Asia y Oceanía
Por MARCELO MUÑOZ*
El pasado 14 de diciembre, China firmó la Asociación Económica Integral Regional (RCEP, por sus siglas en inglés), un acuerdo comercial junto con otros 14 países de Asia Oriental y Oceanía (Japón, Corea del Sur, Australia, Nueva Zelanda, Filipinas, Malasia, Tailandia, Vietnam, Laos, Camboya, Brunei, Indonesia, Myanmar y Singapur). Se trata de un acuerdo de mercado común, el mayor conocido hasta ahora en la historia, que abarca a 2270 millones de personas, con casi el 30 % del PIB mundial y abierto, además, a la posible incorporación de India. El RCEP incluye la supresión de aranceles en el 90 % de los productos y otra serie de acuerdos comerciales, que fundamentan progresivamente un mercado común con todas sus consecuencias positivas.

Noticia de gran calibre
No es un acuerdo improvisado. Lleva negociándose, y dando pasos parciales de integración, más de diez años, y se presenta en un documento de 14.000 páginas para armonizar intereses de países muy distintos, con garantías de continuidad. Supondrá un incremento en la región de 5,2 billones de dólares en exportaciones, un 2,6 % más de inversiones y un aumento del PIB en un 1,8 %. Su objetivo es la liberalización del comercio en esta inmensa región, de tal manera que en 10 años las tarifas arancelarias se reduzcan a cero.

Es una noticia de gran calibre y especial relevancia. Especialmente en estos momentos en que todos los populismos claman contra la globalización e intentan dinamitar el multilateralismo y el libre mercado, gran parte de Asia y Oceanía se levanta con la bandera de los acuerdos multilaterales, una bandera mucho más grande y efectiva que todas las que enarbolan con fervor los populistas.

Es una noticia de gran calado y de gran interés para todo el mundo. Sin embargo, rastreando tertulias políticas de radio, televisión y prensa escrita españolas, no parece de tanto interés para nosotros, pues se informa de ello, o se debate, en muy contados medios. Es como si la libertad de información se entendiese solo como libertad de no información, también defendible, aunque no parezca muy periodístico. La gran noticia ese día –gran noticia también– fue una nueva vacuna occidental, pero sin dejar espacio para presentar las diversas vacunas chinas que están en desarrollo. Lo que pasa en Oceanía y Asia, por muy importante que sea, es como si estuviera pasando en otro mundo del que no hay tiempo para informar. ¡Con los graves problemas que tenemos entre nosotros, no tenemos tiempo de ocuparnos de asuntos tan “lejanos”!

Pero ese silencio no resta importancia a un acontecimiento de calibre global. Lo admitamos o no, nos guste o nos disguste, informemos de ello más o menos, China ha vuelto para quedarse. Y vuelve desde Asia y con Asia.

Porque es más lo que ocurre en esas tierras lejanas que debería merecernos atención. China tiene otro gran acuerdo, gestado paso a paso en los últimos 20 años, de contenido comercial, tecnológico, cultural, de inversiones, energético, e incluso antiterrorista. Es la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), cuyos miembros son China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán, Uzbekistán, India y Pakistán, que se reúnen periódicamente y trabajan, como institución multilateral, en esos objetivos comunes, con resultados progresivamente contundentes en todos ellos. Aunque en Occidente, apenas nos enteremos de ello.

Emergen China y Asia
Más aún, todo este entretejido de acuerdos operativos se ensarta en el gran programa promovido por China llamado Iniciativa de la Franja y la Ruta, o más claramente, la Nueva Ruta de la Seda, en el que están implicados la mayor parte de los países citados y otros muchos de los cinco continentes: en total, hasta ahora, 140 países. También, en este caso, constatamos que apenas nos enteramos de ello, aunque, en sus siete años de vigencia, ese proyecto ha atraído ya 6 billones de dólares de inversión efectiva en proyectos diversos, concluidos o en construcción, de infraestructuras y conectividad.

Es una expresión clara, clamorosa por su volumen y ambición, de que el mundo ya ha cambiado. Emerge Asia, emerge China como primera potencia asiática en PIB (casi tres veces superior al de Japón) y emerge una nueva arquitectura de poder global, fundamentada en el multilateralismo, el libre comercio y la cooperación.

En los días posteriores a la firma de la RCEP, se llevaron a cabo la Cumbre del BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), agrupación de países emergentes; el Foro de APEC (las economías de Asia-Pacífico); y la Cumbre del G20, como sabemos, el organismo más multilateral –después de la ONU– en el que confluyen 22 países y la Unión Europea, un organismo que podría perfilarse como embrión de la gobernanza global.

Sí, China ha vuelto, y ha vuelto para quedarse. Para muchos es una sorpresa y a otros les produce rechazo o recelo. Y otros no quieren darse por enterados.

China ha vuelto al concierto internacional de naciones, con la aspiración de ocupar el puesto que le corresponde, sin agresividad ni imposiciones. Vemos que, en general, no es bien recibida por las potencias occidentales que, hasta hace poco, ostentaban un casi monopolio, como las únicas con derecho a ser miembros dirigentes de esa comunidad internacional. La emergencia de China les produce un gran desconcierto, recelo o rechazo porque, además, China viene con su propia historia –milenaria–, sus propias ideas, sus propios sistemas.

Decimos que China ha vuelto, que China reemerge, porque no debemos olvidar que China ya fue, durante siglos, la primera potencia económica y tecnológica, aunque esta realidad histórica sea tan poco conocida como algunas de sus realidades actuales.

¿Cómo encajar a China en este mundo, organizado a la imagen y dictados de Occidente? Pues, de momento, el camino más firme y menos conflictivo puede ser la información para el debate, un debate tranquilo, basado en datos y análisis. A ello nos apuntamos.
Porque China ha vuelto para quedarse y para encontrar su propio camino, su propio hueco, en armonía y colaboración con todos los países, en interés mutuo.

*Marcelino Muñoz es presidente emérito y fundador decano de los empresarios españoles en China.

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