Mundo en apuros requiere un liderazgo más fuerte del G20

BEIJING, 21 nov (Xinhua) — La historia abunda en crisis de las que el mundo emergió como un lugar más seguro y mejor, y estos momentos críticos han demostrado que una fuerza clave para cambiar el rumbo es el liderazgo eficaz.

   Eso es lo que espera la comunidad internacional cuando los líderes de las 20 principales economías del mundo se reúnan el fin de semana para su segunda cumbre virtual en este año excepcional, en medio de una crisis virulenta tanto en el ámbito económico como en el de la salud pública.

   En todo el planeta, la pandemia de COVID-19 sigue causando estragos, la economía mundial se tambalea en una profunda recesión y el resurgimiento del proteccionismo, el unilateralismo y el hegemonismo representan una grave amenaza para la paz y el desarrollo mundiales.

   Ante la encrucijada que enfrenta la humanidad, el Grupo de los 20 (G20) tiene una responsabilidad crucial. El mundo en apuros precisa que sus principales actores enfrenten el doble desafío con más fuerza que hicieron cuando celebraron dos cumbres al año inmediatamente después del colapso financiero mundial de 2008.

   El impulso y la sinergia de los esfuerzos internacionales para abordar la mayor crisis de salud pública en un siglo sigue siendo una prioridad máxima. A medida que los líderes del G20 se reúnen, la COVID-19 ha infectado a más de 57 millones de personas y se ha cobrado más de 1,3 millones de vidas en todo el mundo, y la cifra de casos mundial sigue aumentando.

   Este virus invisible funciona como un poderoso recordatorio de la interconexión del mundo. Frente al enemigo común, nadie está a salvo hasta que todos estén a salvo. Dado el sombrío contexto actual, lo que dijo el presidente chino, Xi Jinping, en la cumbre extraordinaria del G20 en marzo sigue siendo convincente: es imperativo para la comunidad internacional “fortalecer la confianza, actuar con unidad y trabajar juntos en una respuesta colectiva”.

   Los miembros del G20 deben dar un ejemplo de cooperación internacional contra la pandemia, entre otras cosas, apoyando a la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el desempeño de su papel y fortaleciendo el frente único que acordaron construir en el encuentro del último marzo.

   En su respuesta, todos los países deberían dar prioridad a la vida de las personas, respetar la ciencia y los hechos y cimentar la solidaridad mundial. Aquellos empeñados en politizar la situación y convertir en chivos expiatorios o estigmatizar a otros solo debilitarán la campaña global contra el virus en detrimento de todos, incluido su propio pueblo. El G20 debería rechazar rotundamente este tipo de maniobras políticas divisionistas.

   Teniendo en cuenta el papel fundamental de las vacunas, el G20 debería impulsar la cooperación en la investigación, el desarrollo y la distribución de las mismas y rechazar rotundamente el nacionalismo en este aspecto. Deben ayudar a garantizar que las seguras y eficaces vacunas sean tratadas como un bien público mundial y estén disponibles y sean asequibles para todos, especialmente para los países en desarrollo y los menos desarrollados.

   La COVID-19 ciertamente no representará la última crisis de salud mundial. El G20 debe apoyar firmemente el papel rector de la OMS en la preparación del mundo para las futuras crisis y tomar la iniciativa en el intercambio de información, promover la cooperación internacional y ayudar a los países en desarrollo a establecer y mejorar sus sistemas de salud pública.

   Otra tarea abrumadora para los líderes del G20 es rescatar a la economía mundial de la recesión más profunda desde la Gran Depresión y ponerla de nuevo en la senda del crecimiento estable. El Fondo Monetario Internacional estimó recientemente que la economía mundial se contraerá drásticamente en un 4,4 por ciento en 2020, mucho peor que durante la crisis financiera mundial de 2008, que llevó al G20 a pasar de un foro a nivel ministerial a una cumbre de líderes.

   Una recuperación económica mundial dinámica exige una cooperación beneficiosa para todos. Como las principales economías del mundo, los miembros del G20 deben enviar un mensaje claro de que fortalecerán la coordinación de la política macroeconómica, facilitarán el flujo transfronterizo de personas y bienes en medio de la pandemia, mantendrán un mercado financiero global estable y mantendrán las cadenas industriales y de suministro intactas y sólidas.

   Una recuperación económica global inclusiva exige una mayor apertura. Los miembros del G20 deberían liderar la oposición al unilateralismo, el proteccionismo y las llamadas falacias de “desvinculación”, construir una economía mundial abierta y salvaguardar el sistema de comercio multilateral teniendo a la Organización Mundial del Comercio en el centro.

   La retórica y las prácticas aislacionistas son anteriores a la pandemia pero las ha puesto en un primer plano y amplificado. Si no son controladas, echarán por tierra cualquier posibilidad de recuperación y crecimiento global.

   Como enfatizó Xi en su discurso en la 12ª cumbre del BRICS a través de un enlace de video el martes, “la práctica de usar la pandemia para perseguir la ‘desglobalización’ o clamar por el ‘desacoplamiento económico’ y los ‘sistemas paralelos’ terminará dañando tanto los propios intereses como los intereses comunes de todos”.

   Comprometida a compartir sus oportunidades de desarrollo con el resto del mundo, China habla de apertura. Puso en vigor una nueva ley de inversión extranjera el primer día de este año. Después de controlar a la epidemia efectivamente dentro de sus fronteras, ha realizado una serie de ferias comerciales internacionales, incluida la tercera Exposición Internacional de Importaciones de China (CIIE). Y también ha comenzado a fomentar un nuevo patrón de desarrollo que tiene el mercado interno como pilar y permite que los mercados interno y externo se impulsen mutuamente.

   “China seguirá comprometida con la apertura, la cooperación y la unidad para obtener resultados de ganar-ganar”, dijo Xi mientras se dirigía a la ceremonia de apertura de la tercera CIIE, y agregó que el plan es “convertir el mercado de China en un mercado para el mundo, compartido por todos, y accesible para todos”.

   Más importante aún, una recuperación económica global sostenible exige innovación. Impulsada por una nueva revolución industrial y acelerada por la pandemia, la economía mundial se encuentra en una transición de los motores de crecimiento tradicionales a los nuevos.

   La enfermedad del coronavirus, aunque golpea a muchas empresas y sectores en todo el mundo, ha brindado nuevas oportunidades para que algunas formas nuevas de industrias broten, crezcan y prosperen. Esos brotes económicos prometen apuntalar la recuperación y potenciar el crecimiento futuro.

   Por lo tanto, los miembros del G20 deben defender la cooperación global en innovación y superar las barreras geográficas y artificiales que impiden los flujos de talentos y los intercambios tecnológicos, de modo que los frutos de las innovaciones revolucionarias puedan traer beneficios para todos.

   En su discurso en el debate general del 75° período de sesiones de la Asamblea General de la ONU en septiembre, Xi instó a todos los países a “perseguir un desarrollo innovador, coordinado, verde y abierto para todos, aprovechar las oportunidades históricas que presenta la nueva ronda de la revolución científica y tecnológica y la transformación industrial, lograr una recuperación ecológica de la economía mundial en la era post-COVID y así crear una fuerza poderosa impulsando el desarrollo sostenible”.

   La raza humana se enfrenta una vez más a una bifurcación en el camino, y todos los ojos están puestos en los que van a la cabeza. El G20, que agrupa a las economías más grandes del mundo, debería responder al llamado y ayudar a garantizar que esta vez el planeta salga a flote una vez más como un lugar mejor y más seguro.

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