Tres historias de amistad México-China

Por Carmen González y Juan Carlos Aguilar

“En la adversidad se prueba la verdadera amistad (…) China siempre ha considerado a México como un buen amigo y socio”, expresó el Embajador de China en México, Zhu Qingqiao, durante la Ceremonia por la Conmemoración del 71 aniversario de la fundación de la República Popular China.

Sin duda, los dos países comparten una estrecha y larga relación de amistad, pero a la par de los lazos diplomáticos, corren las historias de amistad de cientos, miles de personas, chinos y mexicanos, que sienten una conexión especial, un cariño o simplemente una atracción por la cultura del otro, y que buscan espacios para expresar lo que sienten.

El pasado 18 de septiembre, el Centro Cultural de China en México publicó en su fanpage de Facebook la pregunta: “¿Has viajado a China?”, invitando a sus seguidores a compartir sus experiencias. Cientos de personas respondieron, y hoy compartimos estas tres historias de cómo el amor por China nace por diferentes circunstancias.

Jorge Chi Escalante por fin pudo visitar China, la tierra de su abuelo, en 2010.

Viaje a los orígenes

En 2010, Jorge Chi Escalante pudo cumplir un sueño largamente añorado: el de visitar China, la tierra de su abuelo, Fernando Chi Gan.

“Mi abuelo llegó por el año de 1915 a México; entró por el puerto de Veracruz, obviamente como inmigrante. Incluso venía con su trenza muy larga, la cual le cortaron al llegar. No recuerdo su nombre en chino, pero aquí le pusieron Fernando”, relata Jorge.

Fernando Chi Gan se dedicó al comercio. Viajó por diversos estados. En Tamaulipas conoció a la mujer mexicana con la que formó una familia, y finalmente pudo abrir su propio negocio, un café, en la Ciudad de México, donde finalmente se estableció.

Desafortunadamente, Fernando murió joven, dejando 8 hijos y una viuda. El mayor de los varones, también de nombre Fernando, de apenas 14 años, (quien más tarde se convertiría en padre de Jorge) se hizo cargo de la familia, y no pudo conservar el negocio.

Jorge Chi nunca vio a su abuelo, pero gracias a su padre conoció su historia, su lucha y su disciplina. Así nació su amor por China.

“Antes de viajar a China, tenía la idea de que era un país productivo, organizado y muy trabajador, que avanzaba a pasos agigantados para ser la gran potencia que es hoy en día; sabía algo de su cultura, que es reconocida en todo el mundo; de su gente respetuosa, de sus tradiciones, y del amor a su patria,” relata Jorge.

Finalmente, en 2010, Jorge por fin pudo visitar China. “La impresión que me causó pisar territorio chino fue de emoción y alegría, de por fin poder conocer mis raíces, la cultura milenaria y sus fantásticos lugares, algunos incluidos dentro del Patrimonio Cultural de la Humanidad”.

Para Jorge, China no sólo está en la historia de su familia o en los viajes de vacaciones. Él vive día a día su herencia china.

“En mi vida diaria está presente la disciplina. Me esfuerzo por realizar bien mi trabajo y soy muy respetuoso con mis mayores. Acostumbro celebrar algunas de las festividades más importantes de China con mis familiares, como la Fiesta de la Primavera, el Festival del Medio Otoño y algunas otras; incluso me han invitado a la Embajada de República Popular China en México a sus recepciones que hacen para celebrar dichas festividades”.

Flor Elizabeth conoció a su esposo, chino, a través de internet.

Historia de amor

Flor Elizabeth Vázquez Jiménez conoció, hace 11 años, a quien ahora es su esposo; fue la puerta de entrada a una cultura fascinante, pues él es chino.

“Hace 11 años buscaba aprender un idioma, aparte del inglés, y el que me llamó más la atención fue el chino. Tenía un buen incentivo, ya que en ese tiempo conocí a mi esposo chino por Internet. Eso me motivó aún más para aprender el idioma, su cultura, sus costumbres”, cuenta Elizabeth.

Así comenzó lo que se convertiría en su vida, pues junto con su esposo, Elizabeth se dedica a la importación de productos chinos a México, e incluso planean establecerse en China el próximo año, de manera definitiva.

“En 2013 fui por primera vez a China. Me encantó su cultura y la peculiar arquitectura de algunas de sus ciudades, que combinan estructuras tradicionales con modernos edificios, como pude ver en Shanghai. A partir de ahí, me empecé a interesar más por todo lo relacionado con China. Después regresé dos veces más, en 2017 y 2019”.

El esposo de Elizabeth es originario de Baoding, lugar que ella visitó el año pasado, e incluso tuvo la oportunidad de casarse allá, de acuerdo con la tradición china.

“Fue una gran experiencia. Tuve la oportunidad de ir a varias bodas tradicionales y de yo misma casarme ahí. Las bodas chinas son muy diferentes a las que conocemos en México. El vestido de la novia es rojo, todos los familiares van a la casa de la novia y la comida es abundante. Y algo muy peculiar: las bodas son en la mañana, hay una pequeña reunión y luego viene la comida,” recuerda emocionada.

Gracias a que su esposo es chino, Elizabeth ha podido conocer varias ciudades, como Beijing, Yiwu, Baoding y Suzhou, su favorita.

También ha podido vivir las fiestas tradicionales como lo hacen los chinos.

“El año pasado tuve la oportunidad de vivir el Festival del Medio Otoño en China. Se celebra con la familia, con comida tradicional y con pasteles de luna. Una reunión muy bonita donde todos comen juntos. Y justo eso es lo que más me gusta de su cultura, que son muy arraigados a la familia. En este tipo de celebraciones es muy importante la convivencia y eso es algo que me fascina”.

Arturo busca desarrollar su carrera profesional en China.

En busca de una oportunidad

Arturo Pacheco Ramírez es un joven diseñador industrial cuyo vínculo con China surgió cuando aún era estudiante.

“Yo estudiaba Ingeniería en Telecomunicaciones en la Facultad de Ingeniería de la UNAM, cuando en 2015 abrieron un nuevo programa de la empresa Huawei. Se trataba de la Primera Generación de Becarios, para la cual seleccionaron a varios estudiantes, entre ellos yo, para viajar a China,” recuerda.

Fue un viaje corto, pero de mucho aprendizaje. Arturo lo recuerda como las dos semanas más intensas en cuestión de lecciones, pues dedicaba casi todos los días a estudiar, de la mañana a la noche.

“La primera semana estudiamos aspectos básicos de mandarín y cultura general en Beijing. En la segunda nos enseñaron aspectos de tecnología de la información en las oficinas centrales de Huawei en Shenzhen. Nunca antes había tomado clases tan intensas, desde muy temprano hasta ya muy tarde”.

Así nació y creció el amor de Arturo por la cultura china, y no sólo por la cultura, pues como ingeniero su principal interés se encuentra en el área de la tecnología.

“En el caso de la especialización, en las oficinas de Huawei, nos compartieron diferentes soluciones en cuestiones de tecnologías de la información y comunicación. Como ingeniero, nos dieron diferentes entrenamientos en el manejo de sus equipos más populares para el despliegue de redes alámbricas e inalámbricas, siempre de la mano de una parte teórica”.

La gente, el nivel de vida, las tiendas y la gastronomía cautivaron a Arturo a tal punto que, a su regreso a México, comenzó a estudiar formalmente el idioma mandarín, en el Instituto de Idioma y Cultura China, con el sueño de volver el próximo año. “Mi idea es regresar para conocer otras provincias e incluso trabajar para una empresa china; hay muchas oportunidades en el sector de telecomunicaciones en empresas como Huawei, ZTE o Xiaomi”.

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