China ante el 75.o aniversario de la ONU

Por MARCELO MUÑOZ*

Estamos tan preocupados y ocupados por los efectos y consecuencias de la pandemia de COVID-19 y tan inmersos en la visión local, cada uno desde su aldea, que hemos conmemorado el 75.o aniversario de la constitución de la ONU en nuestros medios como un ritual histórico más.

La ONU nace, al final de la II Guerra Mundial, como un inmenso esfuerzo colectivo por fundamentar a la comunidad internacional en la concordia y en la paz, para alejar el más mínimo riesgo de una nueva confrontación bélica global. Los países que se consideraron los principales vencedores en esta contienda contra el nazismo europeo y el militarismo supremacista nipón, fueron sus mayores impulsores: Estados Unidos, China, la URSS, Inglaterra y Francia.

Y fueron también los que patrocinaron la estructura de esta organización, la más multilateral que nunca había existido hasta ahora, con un Consejo de Seguridad, cuyos miembros son ellos mismos, con amplios poderes y privilegios, que son ahora cuestionados, a la vista del nuevo orden global que se está forjando. No entramos en esta cuestión, que va a requerir  grandes debates en los próximos años, para entrar ahora en algunos aspectos de la conmemoración de este 75.o aniversario.

En la reciente Asamblea General de la ONU, convocada para esa conmemoración, ha habido muchos e interesantes discursos, pero quisiera destacar el del presidente chino, Xi Jinping, por ser China uno de los países que impulsaron como vencedores la fundación de la ONU, uno de los miembros de su Consejo de Seguridad, y también por ser la potencia emergente –o emergida–, que representa casi al 20% de la población mundial. Su opinión nos merece mucha atención por el peso que puede tener para la consolidación, reforma o adaptación de la misma ONU como la institución global más multilateral.

Su discurso, obviamente, por la fecha y la audiencia, se centra en los grandes principios de unidad y solidaridad, que deben regir a la comunidad internacional. Ya esto destaca en un momento en que parece, a nivel global, que tales principios se han dejado de lado, con prevalencia del individualismo y el localismo. Vivimos, dice el presidente Xi, en un “mundo intercomunicado, interdependiente…, en la aldea global… como miembros de una misma gran familia… Debemos posicionarnos frente a la trampa del choque de civilizaciones…”. Nos sumamos, sin dudar, a la reivindicación de estos grandes principios éticos, base ineludible de la comunidad  internacional,  que el presidente Xi concreta, además, en objetivos como la “Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible”, el alivio de la deuda para los países en  vías de desarrollo y la superación de esta pandemia de COVID-19, y las que pudieren venir, con un programa de “investigación científica global”. 

        No queremos caer “en  la trampa del choque de civilizaciones”, sino, todo lo contrario: impulsar con el estudio, el debate y la investigación académica sobre el diálogo de  civilizaciones, en el que China tendrá mucho que aportar como una de las civilizaciones más antiguas y aún vigentes sobre más de 1500 millones de personas. Ese diálogo favorecerá,  sin duda, “la intercomunicación… en la aldea global” y nos ayudará a sentirnos y actuar, como “miembros de una misma gran familia”. 

Defiende, por otra parte, el presidente la globalización económica como una “corriente histórica ineludible, pero a la que hay que poner límites en la enorme “brecha que agudiza entre ricos y pobres”,  regulando “la relación entre gobiernos y mercado”, hacia la construcción de “una economía abierta, inclusiva…. basada en un “sistema multilateral de mercado… bajo las directrices de la Organización Mundial de Comercio…” con el  rechazo rotundo del multilateralismo y el proteccionismo. Es una afirmación y reivindicación de especial importancia, frente a los intentos de romper esa “corriente histórica ineludible” con vueltas al unilateralismo y el individualismo nacionalista.

Hoy, enfatiza además el presidente Xi, la ONU “debe propiciar una civilización ecológica… siguiendo los Acuerdos de París, una auténtica remodelación global, la revolución verde de la economía mundial… con los instrumentos de la nueva revolución científico-tecnológica…”. En consonancia con ello, el Gobierno chino acaba de renovar su compromiso de descarbonización total para 2060. Es el camino e irrenunciable y seguro para salvar al planeta y salvarnos todos desde esa nueva “civilización ecológica”

Todo ello no será posible sin la capacidad colectiva de una “gobernanza global…”, para lo cual “todas las instituciones multilaterales deberán reformarse y mejorarse” empezando por las agencias y estructuras de la ONU, sobre la base “del diálogo y las consultas mutuas”…; la legítima competencia entre países “no deberá sobrepasar los límites morales ni las reglas internacionales”. No se pueden romper los acuerdos ni las reglas internacionales, sin romper “el sistema multilateral de mercado”.

“La supremacía no es nuestro objetivo” y “el relevo histórico está en nuestras manos” afirma el presidente Xi en esta Asamblea General de la ONU, posicionando y comprometiendo a China frente a todo unilateralismo y supremacismo, en contra de la acusación frecuente entre los comentaristas occidentales de que China aspira a una posición de superpotencia. China solo aspira, con toda razón, a que la “comunidad internacional” –de la que, no olvidemos, es una parte importante–, acepte su peso, su opinión y su idiosincrasia.

*Marcelo Muñoz es presidente emérito de Cátedra China, decano en China.

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