COMENTARIO: Estados Unidos debe dejar de desafiar la línea roja de China sobre Taiwan

BEIJING, 17 sep (Xinhua) — El subsecretario de Estado estadounidense para Crecimiento Económico, Energía y Medio Ambiente, Keith Krach, tiene previsto llegar hoy jueves a Taiwan, en otro acto de provocación de Washington que viola los intereses esenciales chinos y que seguirá socavando las relaciones China-EE. UU. y espoleando la tensión en ambos lados del estrecho de Taiwan.

Será la segunda visita en dos meses a Taiwan de un alto cargo estadounidense, pese a la oposición enérgica y constante de Beijing a los intercambios oficiales de Estados Unidos con esa provincia insular china. En agosto, el secretario de Salud y Servicios Humanos de EE. UU., Alex Azar, visitó la isla en nombre de la cooperación antipandémica.

Con el envío de un alto cargo tras otro a Taiwán, Washington viola los derechos soberanos de China de forma imprudente y reiterada.

La visita de Krach, sea cual sea su excusa, se diferencia poco en el fondo de la de Azar. Ambas han pisado la línea roja en las relaciones China-EE. UU., es decir, el principio de una sola China, que Washington se ha comprometido abiertamente a respetar.

En los tres comunicados conjuntos entre ambos países, los documentos políticos esenciales que han asegurado la estabilidad y el progreso de las relaciones bilaterales en las últimas más de cuatro décadas, Washington no solo reconoce que “hay una sola China y Taiwan es parte de China”, sino que promete que “el pueblo estadounidense mantendrá vínculos culturales, comerciales y otras relaciones no oficiales con el pueblo taiwanés”.

Las arrogantes provocaciones de Washington en cuanto a la cuestión de Taiwan erosionan el fundamento político de la relación China-EE. UU. y, sin duda, acrecentarán las tensiones entre las dos principales economías mundiales.

Es lo último que quiere ver este mundo agitado que lucha, en estos momentos, contra una doble crisis: la pandemia de COVID-19 y el tambaleo de la economía global, que necesita más que nunca una mayor solidaridad internacional.

Con sus señales equivocadas y peligrosas para los “separatistas de Taiwan”, la Casa Blanca está también alimentando las tensiones a ambos lados del estrecho, con el riesgo que eso tiene de sumir a la región entera en una confrontación de extrema gravedad.

Además de las visitas de funcionarios de EE. UU., la Administración de ese país firmó en julio otro acuerdo de venta de armas a Taiwan y envió buques de guerra al estrecho en múltiples ocasiones en los últimos meses.

A pocos en el mundo se les escapará que los pasos que Washington está dando con respecto a Taiwan tienen una intención meramente egoísta y una motivación política. La Casa Blanca sueña despierta si piensa que puede lograr que China comprometa su soberanía o integridad territorial.

Y quienes en Taiwan pretenden contar con Washington para separar la isla de China, deberían recuperar la sobriedad y darse cuenta de que, para esos políticos egoístas y engreídos de EE. UU., no son más que peones políticos en su estrategia de contener a China y procurar la hegemonía en la región de Asia y el Pacífico.

Taiwan es parte inalienable de China. Beijing no se quedará con los brazos cruzados viendo cómo fuerzas extranjeras minan los intereses fundamentales de China como país soberano y sabotean su causa de reunificación nacional.

Por el bienestar de los vínculos entre China y EE. UU, así como de la paz y estabilidad en Asia-Pacífico, Washington debe dejar de entrometerse pues, si no lo hace, su política sobre Taiwan, desenfrenada y arriesgada, pondrá en peligro lo que muchos consideran la relación bilateral más importante del mundo, una situación indeseable para ambos países y la región.

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