COMENTARIO: Washington es único responsable de contramedida china tras cierre consulado Houston

BEIJING, 24 jul (Xinhua) — El Ministerio de Relaciones Exteriores chino informó hoy viernes a la Embajada de Estados Unidos en China de su decisión de retirar el consentimiento al establecimiento y las operaciones del Consulado General de EE. UU. en Chengdu.

El ministerio comunicó además los requisitos específicos en relación al cese de todas las operaciones y actividades en el consulado.

La medida es la respuesta legítima y necesaria a la demanda injustificada, abrupta y unilateral por parte de Washington a Beijing de que cierre el Consulado General de China en Houston, una provocación al estilo intimidatorio de EE. UU., único responsable de la tensión actual en las relaciones bilaterales.

La responsabilidad recae por entero en Estados Unidos, que ha violado de forma grave el derecho internacional y las normas básicas que gobiernan las relaciones internacionales, así como el acuerdo consular bilateral, y ha socavado deliberadamente las relaciones con una nueva provocación política contra China.

Washington argumentó que, con el cierre del consulado chino en Houston, trataba de “proteger” la propiedad intelectual de EE. UU. e información privada estadounidense, pero no ha conseguido aportar ninguna prueba concreta que avale estas acusaciones.

Es irónico que, a pesar del pobre historial de EE. UU. en lo que atañe a respeto de la soberanía de otras naciones, la portavoz del Departamento de Estado de ese país, Morgan Ortagus, asegurara que, según la Convención de Viena, los Estados deberían “tener el deber de no inmiscuirse en los asuntos internos” del Estado anfitrión.

No es de extrañar que medios de todo el mundo, Estados Unidos incluido, hayan planteado preguntas sobre los motivos que esconde la provocación estadounidense.

Citado por la CNN, el senador estadounidense Angus King, miembro del Comité de Inteligencia del Senado, afirmó que no era consciente de “ninguna inteligencia reciente sobre actividades chinas en particular, ni con respecto a nuestras elecciones, ni a la confrontación en general entre los dos países (…) que pueda haber conducido a la decisión”.

La responsabilidad, además, recae totalmente en Estados Unidos porque algunos políticos de ese país han llegado en los últimos años a un nivel de histerismo a la hora de perjudicar las relaciones bilaterales.

En lo que va de año, altos funcionarios de la Casa Blanca han estigmatizado a China politizando la pandemia de COVID-19.

La parte estadounidense también ha utilizado su aparato estatal para reprimir a las empresas chinas con acusaciones infundadas.

Además de su represión política contra los medios de comunicación chinos en EE. UU., Washington ha tomado como blanco a algunos estudiantes chinos en territorio estadounidense, a través de amenazar, interrogar, confiscar equipos electrónicos personales e incluso detenerlos sin ninguna razón.

Según afirmó el portavoz de la Cancillería china Wang Wenbin, mucho antes de esta última provocación política, EE. UU. también impuso restricciones injustificadas a los diplomáticos chinos e incluso registró valijas diplomáticas sin permiso y confiscó artículos oficiales.

El cierre unilateral del Consulado General de China en Houston es una escalada sin precedentes de Washington contra Beijing, que no tiene más remedio que contrarrestarlo.

Hay dos motivaciones detrás de la campaña contra China de Estados Unidos.

Una es que, al arremeter contra China en plena pandemia de COVID-19, algunos políticos estadounidenses, blanco de duras críticas por su desastrosa gestión de la crisis sanitaria y las crecientes tensiones raciales en el país, están tratando de echar la culpa y difamar a China.

Esto también muestra el intento, que será en vano, de algunos políticos estadounidenses por mejorar sus malos resultados en los sondeos de opinión durante este año electoral al estigmatizar a China y politizar los lazos bilaterales.

Cabe mencionar que, con provocaciones de esta índole, algunos políticos estadounidenses ponen en peligro no solo una de las relaciones bilaterales más importantes del mundo, sino también el orden internacional basado en normas.

La historia ha comprobado que una relación constructiva entre China y EE. UU. es beneficiosa para ambas partes, y ninguno de los dos países puede pagar el coste de una confrontación total. La responsabilidad para evitar que los lazos bilaterales sigan deteriorándose está ahora del lado de Estados Unidos.

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