COMENTARIO: Beijing no cederá respecto a la estabilidad de Hong Kong

BEIJING, 15 jul (Xinhua) — La firma de la llamada “Ley de Autonomía de Hong Kong” por parte de la Casa Blanca el martes es otro ejemplo de las decisiones imprudentes de Washington para entrometerse en los asuntos internos de China.

Según la nueva legislación, Washington busca sancionar a personas y entidades extranjeras supuestamente involucradas en la “extinción” de las libertades en Hong Kong.

La nueva ley de EE.UU., al igual que las anteriores, una vez más pisotea el derecho internacional y las normas básicas de las relaciones internacionales, ignora la jurisdicción legal del gobierno chino en Hong Kong e intenta deslegitimar los esfuerzos de Beijing para mantener la seguridad nacional en la ciudad china.

Todas las sanciones son un arma de doble filo. Hong Kong es uno de los centros financieros y comerciales más dinámicos del mundo, y alberga a decenas de miles de empresas extranjeras. Dañar a Hong Kong significa perjudicar a las empresas extranjeras.

El caso de Estados Unidos es un ejemplo. El país tiene intereses vitales en Hong Kong. Cuenta con más de 1.300 empresas, incluidas casi todas las principales firmas financieras de EE.UU., que operan en la ciudad china. Además, Hong Kong fue la fuente del mayor superávit comercial bilateral de Estados Unidos el año pasado, con 26.100 millones de dólares estadounidenses, según datos de la Oficina del Censo de EE.UU.

Por lo tanto, si Washington sigue adelante con sus sanciones, sus propios intereses están en juego.

La legislación recientemente firmada no es una sorpresa. En los últimos meses, los halcones chinos en Washington han lanzado una feroz campaña contra Beijing. No han dejado piedra sin remover en sus intentos de interferir en los asuntos internos de China.

Utilizando una variedad de pretextos, como la libertad en Hong Kong y los derechos humanos en Xinjiang, los propósitos son los mismos: desviar la atención pública de las protestas generalizadas contra la discriminación racial y el fracaso de Washington para controlar la crisis de la COVID-19; mostrar algo de fuerza política con las elecciones presidenciales a solo cuatro meses de distancia; y para obstaculizar el desarrollo de China.

Imaginemos que China sancionase a Estados Unidos por el trato brutal a su población afroamericana o su intento catastrófico de contener en el país la COVID-19, una amenaza para la salud pública común del mundo entero.

En el caso de Hong Kong, los defensores estadounidenses de una política dura con China quieren alentar en la ciudad china la violencia extremista, comprometiendo así de forma grave su estabilidad social y viabilidad económica. Siempre que vean beneficiados sus propios intereses políticos, a quién le importan los hongkoneses.

La Declaración sobre los Principios de Derecho Internacional, aprobada por la Asamblea General de la ONU en 1970, remarca con claridad que ningún país ni grupo de países tiene derecho de interferir, directa ni indirectamente, en los asuntos internos ni de política exterior de ningún otro país por ninguna razón.

No le corresponde a Washington decidir el nivel de autonomía en Hong Kong.

Además, la ley para proteger la seguridad nacional en Hong Kong deja clara la determinación de China a garantizar la implementación constante y sostenible del principio de “un país, dos sistemas”, un nivel alto de autonomía y la prosperidad y estabilidad a largo plazo del centro financiero mundial a fin de proteger mejor la libertad y derechos de la gente que trabaja y vive allí.

Washington no debería poner a prueba la determinación china de defender la seguridad nacional en su propio territorio. Quienes tratan de causar daño a Hong Kong no deben esperar que Beijing se quede de brazos cruzados mientras mira cómo sus derechos soberanos son erosionados.

El Ministerio de Asuntos Exteriores chino dijo este miércoles que China responderá de la manera apropiada e impondrá sanciones sobre el personal y las entidades estadounidenses pertinentes.

Un Hong Kong estable y próspero es requisito previo para que esa ciudad china siga funcionando como centro comercial y financiero internacional y sirviendo a los intereses de EE. UU. y otros países para que puedan beneficiarse de la vitalidad económica hongkonesa. Si Washington sigue entrometiéndose en los asuntos internos de China y comprometiendo su soberanía, se verá en un callejón sin salida.

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