Doce preguntas al Gobierno de EE.UU.

Por ARTURO RAMÍREZ MORÁN*

¿Ha llegado el fin del capitalismo? No todavía, pero sus limitaciones para promover políticas sociales en pos de la salud, la educación y el bienestar han quedado expuestas. Por eso, ha llegado el momento de explorar otros horizontes y alternativas.

Un sistema caduco

Es evidente para la mayoría de la ciudadanía que el actual sistema de mercado, que antepone las ganancias antes que al ser humano, no ha estado a la altura de la crisis generada por el COVID-19, al ser incapaz de resolver los problemas de salud, seguridad social y empleo de los ciudadanos. Se puede observar también que las autodenominadas democracias liberales dan importancia a la salud económica de los mercados financieros y de las instituciones bancarias internacionales por sobre la seguridad y el bienestar de los pueblos.  

Mientras la pandemia continúa haciendo estragos en las sociedades adscritas al mercado, las respuestas de sus gobiernos han sido tomadas en su mayoría sobre la marcha, de manera reactiva y frente al deterioro tenaz de la salud de sus comunidades. En contraste, países como China han implementado políticas sociales de largo alcance desde el comienzo de la crisis, con las cuales se ha logrado detener sustancialmente la agresividad del virus dentro de la población. Como resultado, muchos lugares en el país han ido retornando paulatinamente a una nueva normalidad, con la reapertura de escuelas y comercios, además de sistemas de bioseguridad ejemplares. 

Asimismo, el Gobierno chino pudo movilizar recursos y profesionales de la salud en tiempo récord y construir hospitales temporales en cuestión de días. En ese sentido, el resto del mundo ha podido observar soluciones contundentes que son una clara muestra del tipo de liderazgo que se necesita. Estamos en la primera quincena de mayo y ya no hay casos de COVID-19 que se puedan atribuir al contacto comunitario, mientras que los pocos contagios nuevos son principalmente de ciudadanos que llegan del extranjero.  

El manejo fallido de Trump

Al otro lado del espectro político, el Gobierno de Estados Unidos no ha sido capaz de asumir un liderazgo que entregue certezas sobre la capacidad política para manejar esta crisis global de salud. En su lugar, hoy vemos a un presidente Trump actuar como “un tigre de papel”,al negar, primero, la severidad de la crisis global en su etapa inicial, y luego, buscar chivos expiatorios sin fundamentos o crear cortinas de humo en aventuras temerarias, como lo ocurrido en Venezuela. 

La respuesta de Trump a la crisis sigue siendo manipulada con el fin de lograr la reelección, con un altísimo costo en vidas humanas que se podrían haber salvado habiendo actuado de otra forma. Además, dentro de su errático discurso, a ratos ha desestimado la epidemia, mientras que en otros momentos, ha exhibido una falsa valentía frente a los medios de comunicación. “Este es un nuevo engaño”, “Relájense, todo esto desaparecerá…Es como una gripe fuerte…. No pasa nada, no hay que preocuparse, esto desaparecerá, mantengan la calma…. El virus del COVID-19 está bajo control…” o “Estados Unidos está preparado…los números de víctimas son bajos,” han sido tan solo algunas de sus frases. 

Sin embargo, demás está decir que los dichos difieren por completo de la realidad. Hasta la fecha, Estados Unidos ocupa el triste récord de ser el país con el mayor número de infectados y fallecidos a raíz del COVID-19 en el mundo, mientras que la tasa de desempleo asciende al 14,7 % (20,5 millones de personas), siendo así la mayor crisis económica desde la Gran Depresión Económica. Sin embargo, esto no es nada nuevo. 

Cuando Puerto Rico fue azotado por los huracanes María e Irma, a mediados de 2019, Trump mintió descaradamente sobre el número de víctimas y damnificados. En su única visita al lugar, optó por minimizar la catástrofe y en una cobertura en vivo, comenzó a lanzar papel higiénico mientras criticaba ferozmente a Carmen Yulín Cruz, alcaldesa de San Juan, por haber elevado su voz frente a la falta de acción del Gobierno federal. Una vez más, Trump manipulaba la coyuntura política en pos de una agenda que fuera favorable al Partido Republicano. 

Hoy, insiste en su estrategia fallida de negar la realidad y engañar a la comunidad internacional con fábulas de ciencia ficción al acusar a China y generar xenofobia en su propio territorio contra habitantes de ascendencia asiática, lo cual ha sido criticado en la prensa mundial como un acto irresponsable, y condenado por varias naciones e organizaciones internacionales como la OMS. De esta forma, se ha visto obligado a reconocer la gravedad de la situación, pero ha optado por priorizar la reapertura económica mientras un considerable número de gente sigue muriendo día a día. 

Esta es una cara nueva de Estados Unidos. Hoy, la autodenominada “democracia más importante del mundo” es un país irreconocible sumido en una crisis total.

Hemos visto cómo la mayoría de las democracias liberales –apoyadas por los intereses económicos de Estados Unidos–, han rescatado millones, y algunas veces, miles de millones de dólares, para proteger los mercados financieros y sus centros bancarios, en vez de entregar un mensaje de solidaridad a los muchos que sobreviven el día a día en la informalidad del empleo o con bajos ingresos. Los gobiernos afines al mercado financiero han implementado planes de contingencia a la carrera para asegurar que la fuerza laboral siga disponible en estructuras de mercado que ni siquiera entregan las debidas prestaciones sociales. Desde marzo, el Congreso de Estados Unidos ha preparado paquetes económicos de rescate para su fuerza laboral, pero debido a la presión de determinadas fuerzas, gran parte de esa ayuda financiera llegó primero a las grandes empresas, y luego a los trabajadores más vulnerables. 

Preguntas imprescindibles ante la crisis

En este contexto, cabe hacerse algunas preguntas como ciudadanos sobre el manejo de los recursos nacionales. Veamos el caso de Estados Unidos como ejemplo:

A Nivel Nacional:

  • ¿Por qué el presupuesto militar de Estados Unidos no es reasignado para fortalecer los hospitales que hoy carecen hasta de los insumos más básicos para el manejo de la crisis sanitaria?
  • ¿Por qué el personal médico de las Fuerzas Armadas de Estados Unidos no comienza a trabajar en las comunidades de bajos ingresos al igual que en los sectores rurales para resolver la falta de atención médica?
  • ¿Por qué el Congreso no promueve una mejora salarial para aquellos que perciben el salario mínimo en áreas críticas como la industria de servicios, la agricultura, y las fábricas, entre otras?  
  • ¿Por qué el Congreso no ha promulgado una ley para asegurar que los trabajadores que no pueden encontrar trabajo no caigan en la vorágine del sistema de mercado?
  • ¿Qué obstaculiza al Congreso, al Ejecutivo, y a los representantes de los diferentes sectores de la industria, sentarse en forma colectiva para crear políticas que sean duraderas, equitativas y bien estructuradas?
  • ¿Qué frena a los diferentes sectores económicos en la búsqueda de acuerdos para dar seguridad a las familias que han perdido su fuente de ingreso?

A Nivel Internacional:

  • ¿Por qué Estados Unidos insiste en mantener el embargo de repuestos industriales, material de producción, tecnología, comida e insumos médicos a Venezuela, Cuba, e Irán?  
  • ¿Por qué Estados Unidos insiste en aumentar las tarifas de importación que incluyen, entre otras cosas, insumos y equipos médicos? 
  • ¿Por qué Estados Unidos no ha solicitado una renegociación de los acuerdos bilaterales con China para aumentar el acceso a insumos médicos?
  • ¿Por qué Estados Unidos insiste en mantener Fuerzas Armadas en mares y tierras ajenas, cuando esos recursos podrían ser redestinados hacia la mejora de clínicas y hospitales, y el acceso a alimentos y medicamentos de la población de bajos ingresos? 
  • ¿Por qué Estados Unidos no hace uso del personal de la salud de las Fuerzas Armadas para que asista a las comunidades más desfavorecidas, especialmente en las grandes urbes? 
  • Si un pequeño país como Cuba ha enviado personal de la salud a muchas partes del mundo, ¿qué impide que Estados Unidos cambie su actitud combativa por la solidaridad entre los pueblos?

Alternativas más humanas

Todas estas son interrogantes relevantes que se pueden hacer las personas sobre Estados Unidos, al igual que respecto a muchas democracias donde impera el sistema de mercado. De cara a las elecciones presidenciales en noviembre, también es fundamental preguntarse si el gobierno liderado por Trump es aquel que se requiere en tiempos de pandemia y de la crisis desatada por el COVID-19. 

Hoy, en que el número de fallecidos ya supera los 80.000, los habitantes de Estados Unidos que carecen de un seguro médico o cuidados de primera necesidad, deben preguntarse si este es el tipo de líder –que llegó al extremo de decir que bebiendo cloro se podía eliminar el virus–  que desean.  

Las inequidades económicas y sociales que atormentan a muchos estadounidenses dejan claro que el sistema de mercado antepone las ganancias por sobre todas las demás consideraciones.  Por eso, es vital buscar una alternativa más humana y solidaria para el mundo. Es el momento en que los ciudadanos podemos ser agentes de transformación. 

Ante la presente crisis económica global catalizada por el COVID-19, queda claro que el capitalismo y su sistema de mercado carecen de las respuestas que la sociedad necesita. Es hora de aceptar que necesitamos otro sistema que sea más sostenible que el actual.

*Arturo J. Ramírez es profesor de la Universidad Católica de Santiago de Guayaquil, en Ecuador. 

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