ESPECIAL: Aliviar enfermos críticos de COVID-19 compensa riesgos, dijo médico mexicano

MEXICO, 11 may (Xinhua) — Para el médico internista mexicano Carlos Pech el esfuerzo, riesgo y continuo miedo que enfrenta al luchar contra la enfermedad del nuevo coronavirus (COVID-19) en el área de cuidados intensivos se ven compensados cuando logran que un paciente crítico supere la crisis.

Pech lleva casi dos meses en la primera línea de combate en la unidad de cuidados intensivos de un hospital público de la Ciudad de México, atendiendo pacientes que necesitan ser conectados a máquinas, como el ventilador, para seguir vivos.

Las jornadas por la pandemia que estaba entrando a su pico en la capital, la entidad más afectada en México, resultan desafiantes para el personal médico, pero Pech describió que retribuye cuando anuncian a una afligida familia que su pariente se recuperó, a veces tras más de 20 días de luchar.

“Definitivamente lo vale todo, los desvelos, el miedo, es muy satisfactorio y es un motor (…) Hacemos lo que hacemos precisamente para poder ver a un paciente que puede volver a estar con sus hijos”, dijo a Xinhua el especialista.

La ciudad más poblada del país acumulaba hasta el domingo más de 9 mil 700 casos confirmados y 796 decesos por el virus, manteniéndose como la entidad con más contagios en México, que, según la OMS, es ya el quinto país de América con un mayor número de infectados.

A la misma fecha, el gobierno local reportó más de 3 mil 600 enfermos hospitalizados, 918 de ellos con la necesidad de estar intubados, aunque sumaban 2 mil 522 pacientes que habían logrado recuperarse.

Pech, quien trabaja en el Hospital Regional “1 de Octubre”, en el norte de la ciudad, planteó que enfrentar a la pandemia ha sido un reto que mezcla aplicar al máximo los conocimientos y documentarse continuamente sobre tratamientos en otros países.

“Es una enfermedad que no existía. Hay que estar echando mano de toda la información y todo el conocimiento que se tiene para dar una mejor atención al paciente”, comentó.

Enfundado en un equipo de protección de cabeza a pies que tarda 10 minutos en colocarse para evitar aberturas, el especialista atiende a los enfermos críticos conectados a máquinas para respirar o para sustituir la función renal, o medicados para poder mantener la presión.

Al inicio del brote, los enfermos que ocupaban las camas de la unidad de cuidados intensivos eran mayores de 50 años, pero después comenzaron a llegar pacientes con edades desde los 27 años generalmente hipertensos, diabéticos, obsesos, con enfermedades pulmonares o con tabaquismo.

“A las mujeres les va mucho mejor, al menos en la terapia intensiva es lo que hemos observado (…) Son las que más salen y las que mejor responden a los tratamientos”, detalló.

Apuntó que ha observado que la enfermedad se comporta en México de manera similar a lo que otros países reportan y aseguró que los médicos mexicanos han tenido la ventaja de conocer la experiencia acumulada por personal chino, italiano y español.

“Sí nos ayudó mucho para no ir tanto a ciegas en el manejo de pacientes (…) Nos nutrieron mucho con toda la información que generaron cuando ellos tuvieron su episodio”, explicó.

El reto de luchar contra la COVID-19 también ha implicado para el internista laborar con miedo al contagio y percibir incomprensión de gente que hace caso omiso al aislamiento, ante reportes de fiestas o mercados atestados en la ciudad.

Relató que en su trabajo realiza procedimientos, como intubaciones o traqueotomías, en los que corre riesgo de ser contagiado por el paciente, por lo que a diario despierta con temor de presentar tos o fiebre.

El miedo del especialista no es gratuito, pues, según las autoridades de salud, el personal médico es el sector profesional con más riesgo de contraer coronavirus y para el 23 de abril pasado, apenas comenzada la fase tres del brote, sumaban casi 2 mil trabajadores mexicanos contagiados.

Por el riesgo que corre el personal sanitario, que ha registrado varias bajas a escala nacional, el internista manifestó que le resultaba inexplicable que personas salgan a la calle y hagan su vida normal cuando el país atraviesa por la pandemia.

“A veces te preguntas si vale la pena arriesgarte y arriesgar a tu familia por personas que no entienden la magnitud, probablemente porque ellos no están viendo que hay muertos, que a veces familias enteras entran al hospital”, lamentó.

Aún así, Pech se dirige diario al hospital y se coloca cautelosamente traje, calzado, mascarilla, gafas y gorro protectores para atender pacientes críticos, pues dijo que estudió por una década y se especializó para poder sacar adelante enfermos en un momento como el actual.

“Poder decirle a la familia que el paciente va a salir de la terapia intensiva, que ya se pudo desconectar del respirador, a esa familia que ha pasado días sin ver al paciente, nada más recibiendo informes por teléfono, definitivamente lo vale todo”, manifestó.

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