Una tarea conjunta contra el COVID-19

La crisis viral es un problema humanitario y resolverlo nos compete a todos

Por AMAPOLA GRIJALVA*

La emergencia por la influenza viral causada por el COVID-19 ha creado una profusión de información sin precedentes. Los efectos de las notas falsas y exageraciones, conviviendo con otras bien documentadas y educativas, es dual: por un lado, hay un temor que ha invadido las mentes y los corazones de muchísimas personas que viajan, que estudian, que hacen negocios a nivel internacional; y, por otra parte, hay una buena reacción de las personas que con más conciencia están preocupadas por parar el contagio.

Las cifras al 6 de marzo rondan los 101.000 infectados comprobados y más de 3400 decesos en más de 85 países del mundo. El tema que a cada uno nos preocupa es si tardará en conocerse una vacuna o medicamento que pueda curar esta enfermedad y si tenemos las condiciones en los sistemas de salud locales para atender a personas infectadas.

En México tenemos 6 casos y las medidas tomadas son relativamente laxas hasta hoy. Se ha pedido a la población implantarlas en el ámbito de competencia de cada uno, que incluye el trabajo, la casa y las áreas de convivencia.

En contraste, China ha tomado medidas para impedir la diseminación del virus que han sido muy costosas, muy dolorosas, pero efectivas. Por ello, nuestra Cámara México-China ha expresado su solidaridad y sentidas condolencias al pueblo y al Gobierno de China, en especial, por todas las pérdidas humanas que esta emergencia ha traído. Y, al mismo tiempo, entendemos que sin ese sacrificio de mantener en sus casas a cientos de millones de personas, habría sido imposible prevenir el contagio de millones, como sucedió a principios del siglo pasado con la llamada “gripe española” que arrasó con más de 50 millones de vidas humanas.

En especial quiero mandar un mensaje de amor y respeto para todos los niños y los jóvenes que hasta el día de hoy no han podido volver a clases, los empresarios que siguen con sus fábricas, sus puntos de venta y sus restoranes cerrados o en operación mínima, y todos los trabajadores que siguen atendiendo asuntos desde sus casas. Es una lección enorme que han dado al mundo. Un tremendo sacrificio que merece la admiración y el reconocimiento de toda la humanidad. Gracias por su solidaridad y por su gran sentido de responsabilidad.

Las vías de recuperación

Los primeros reportes del efecto económico de esta emergencia de salud tienen dimensiones que todavía no son posibles de medir a cabalidad.

De acuerdo con el reporte Caixin China General Manufacturing Managers Index, que es un indicador de las condiciones de operación de la industria, este cayó de 51,1 en enero a 40,3 en febrero, el más bajo que se haya registrado. Arriba de 50 este índice significa crecimiento y debajo significa contracción.

Se espera que el crecimiento económico de China baje al 4,5 % en el primer trimestre de 2020, de acuerdo con la agencia Reuters. La Agencia Internacional de la Energía reporta una pérdida significativa por la menor demanda de petróleo de China que alcanza los 435.000 millones de barriles en el primer trimestre de este año, la mayor caída desde 2010, así como una pérdida de ventas por 113 billones de dólares para las líneas aéreas en las últimas seis semanas. Según la OCDE, el paro económico por el virus es la amenaza para la economía mundial más importante desde la crisis financiera de 2008.

Sin embargo, todos estos efectos son reversibles, pues la actividad humana es el motor de los mercados y, una vez recuperados los ritmos normales, esperamos que todas las cadenas de suministro y canales de venta vuelvan a activarse. Sabemos que habrá costos adicionales que asumir; por ejemplo, los espacios en las líneas de transporte se verán saturados y una demanda pico siempre tiende a elevar precios. Algunos tiempos de entrega se habrán incumplido y la recuperación de ritmos de producción implicará una extensión de las jornadas laborales, un financiamiento para capacidad adicional y otras implicaciones como costes legales y/o pérdida de clientes.

Como era de esperarse, China está tomando medidas inmediatas para apoyar a las empresas en este tránsito: exención o ampliación de plazos para el pago de impuestos, líneas de financiamiento de corto plazo con tasas blandas, apoyo legal en las cámaras y asociaciones, préstamos para el pago de nóminas, préstamos personales, y servicios de salud y prevención completamente gratuitos.

Otras medidas de apoyo social más amplio incluyen la creación de canales de televisión para transmitir contenido académico, coordinación entre los maestros y los padres de familia para darles apoyo, trabajo social para monitorear en las casas a cada familia con casos positivos o sospechosos, y una red de voluntarios y trabajadores de la salud o seguridad, quienes controlan los accesos a edificios, transporte, lugares de trabajo, etc. Incluso en los transportes se deja un lugar vacío entre cada pasajero con el objetivo de evitar el contacto directo.  

El mundo entero está pendiente del efecto de estas acciones, pues pueden extraerse de ellas una valiosa experiencia. Sin embargo, también se espera que estos grandes esfuerzos resulten en una recuperación acelerada.

La amenaza de una epidemia global es un nuevo elemento de incertidumbre del siglo XXI. La conectividad ampliada y el hacinamiento en las ciudades aumentan considerablemente este riesgo. Dado que los virus mutan y tienden a ser más agresivos y letales, la única forma conocida de combatirlos es a través de la prevención y la contención. Es decir, se trata de un problema de salud que solo podrá ser resuelto con la colaboración y elevación de la conciencia de toda la humanidad.

*Amapola Grijalva es presidenta de la Cámara México-China y socia de WTI Group.

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