ESPECIAL: Las dos caras de Estados Unidos a los ojos de una ex corresponsal residente ante la ONU

Por Xu Xiaolei

BEIJING, 13 ago (Xinhua) — Al recordar esos días extraños de marzo, cuando como reportera de Xinhua que trabajé durante años en Nueva York repentinamente me vi forzada a regresar a mi país después de la orden de Estados Unidos de limitar el número de periodistas chinos en el país, simplemente sentí que todo lo que había ocurrido era demasiado dramático para ser verdad.

UN ABRUPTO FIN
El 2 de marzo, la administración del presidente de Estados Unidos Donald Trump ordenó a cuatro medios de comunicación chinos reducir el tamaño de su personal que trabajaba en Estados Unidos. A partir del 13 de marzo, los cuatro medios de comunicación chinos tuvieron autorización para emplear a 100 nacionales chinos combinados entre ellos en Estados Unidos, cerca de 40 por ciento menos, lo que implicó que cerca de 60 periodistas chinos tuvieron que abandonar el país.

El anuncio se produjo cuando yo estaba a punto de asistir a una rueda de prensa ofrecida por la misión china ante Naciones Unidas.

Puesto que China iba a asumir la presidencia del Consejo de Seguridad de la ONU para el mes de marzo, Zhang Jun, el representante permanente de China ante la ONU, informó a la prensa sobre el programa de trabajo del mes.

Me las arreglé para mantener la calma a pesar de la orden de expulsión de facto y registré cuidadosamente la reunión sabiendo que mi periodo en la oficina de Xinhua en la ONU podría llegar a un abrupto fin.

En la rueda de prensa del 2 de marzo, Zhang anunció que el consejo realizaría un debate sobre el multilateralismo durante la presidencia china. La propuesta evocó lo que Estados Unidos había hecho para romper con el bando del multilateralismo en el último par de años cuando yo cubría las noticias de la ONU.

Como miembro permanente del Consejo de Seguridad, Estados Unidos, en un desafío a los valores dominantes, chocó con muchas naciones en temas como el conflicto israelí-palestino, el cambio climático, y el acuerdo nuclear de Irán, entre otros.

Washington, con sus cuestionables políticas y acciones, está perdiendo apoyo a nivel mundial y ha sido amonestado por varios organismos de la ONU en bastantes ocasiones.

El 4 de mayo de 2018, Estados Unidos trasladó su embajada israelí a Jerusalén luego de que Washington rompió con décadas de política estadounidense al reconocer en 2017 a Jerusalén como la capital de Israel, lo que generó intensas críticas internacionales, incluyendo las de la ONU.

A fines de 2017, la Asamblea General de la ONU aprobó por mayoría abrumadora una resolución en la que declaró que cualquier decisión que modificara el estatus de Jerusalén sería “nula y sin valor”.

La Asamblea General ha reiterado un antiguo llamado cada año, en las últimas cerca de tres décadas, para poner fin al embargo económico, comercial y financiero de Estados Unidos contra Cuba impuesto en 1960.

El lema de “Primero Estados Unidos” no tiene cabida en la mesa redonda del multilateralismo, pero la administración Trump advierte a los demás que “o lo toman o lo dejan”, a la vez amenaza con retirarse de mecanismos multilaterales.

En los últimos años, por ejemplo, Washington se ha retirado del Acuerdo de París, de la Unesco, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU y el Pacto Mundial sobre Migración.

Dada su incapacidad para abordar la crisis sanitaria de la COVID-19, la administración Trump también ha intentado trasladar la culpa a la Organización Mundial de la Salud y retiró a Estados Unidos de este organismo mundial.

Un colega francesa, también reportero en la ONU, llegó a nuestras oficinas sólo para expresarnos su apoyo luego de que se enteró de la orden contra los periodistas chinos.

¿No es la orden estadounidense una ironía de la libertad de prensa consagrada en la Constitución de Estados Unidos? dijo. También sugirió a los periodistas chinos buscar la ayuda de la Dependencia de Acreditación y Enlace con los Medios de Información de la ONU y de la Asociación de Corresponsales de la ONU.

Pero ante el abuso de poder de Estados Unidos, la ONU ha intentado comunicarse, aunque rara vez ha tenido éxito para convencer al Tío Sam de cambiar sus políticas problemáticas.

De conformidad con el acuerdo alcanzado entre la ONU y Estados Unidos respecto de la sede de la ONU, el cual entró en vigor en 1947, en general se solicita a Estados Unidos permitir el acceso a la ONU a los diplomáticos extranjeros. Pero Washington ha dejado de lado en repetidas ocasiones sus responsabilidades y obligaciones internacionales y ha utilizado las visas de los diplomáticos que se dirigen a la ONU como moneda de cambio, e incluso como armas, meramente en beneficio de sus propios cálculos políticos.

El Gobierno de Estados Unidos ya ha impedido a miembros de varias delegaciones extranjeras, incluyendo a las de Rusia e Irán, asistir a la 74ª sesión de la Asamblea General de la ONU. También ha restringido las actividades de todos los miembros de la misión permanente de Cuba ante la ONU.

DE REGRESO A CASA
Más tarde me enteré de que Xinhua se enfrentó al Departamento de Estado de Estados Unidos porque desde un punto de vista legal, aunque la sede de la ONU se encuentra en Estados Unidos, los nacionales chinos que trabajan en la oficina de la ONU no dan cobertura a las noticias estadounidenses y Estados Unidos no tiene derecho a deportarnos.

Sin embargo, la Casa Blanca afirmó que el límite de personal aplicaba a todos los nacionales chinos que trabajan en Estados Unidos para los medios de comunicación chinos afectados. Y aún más irritante fue que Washington solicitó a los empleados afectados salir del país a pesar de las dificultades y de los riesgos para la salud de viajar en medio de la pandemia de COVID-19.

Presionada por la fecha límite para partir, solicité a mis colegas que me ayudaran a comprar los boletos de avión, muy difíciles de conseguir porque muchas aerolíneas redujeron los vuelos en medio de la pandemia. Gracias a mis amigos también logré conseguir algunas mascarillas N95, las cuales ya no estaban disponibles en el mercado.

Después de un vuelo de 13 horas y 12 horas después del aterrizaje, llené un formato de salud, entré a aduanas y fui puesta en cuarentena en un hotel de Beijing completamente agotada.

Fui asignada a un grupo prioritario para someterme a la prueba de ácido nucleico porque alguien que viajaba en el mismo avión fue diagnosticado con COVID-19. También me sometí a una revisión completa en el Hospital de Xiaotangshan por un malestar en la garganta. Por fortuna, la prueba de COVID-19 resultó negativa.

Pensando en los últimos años, puedo recordar que el Gobierno de Estados Unidos ha escalado continuamente su represión a los medios de comunicación chinos, desde el registro obligado como “agente extranjero” y su manejo como “misiones extranjeras” , hasta la negativa a emitir visas para más de 20 periodistas chinos y el destierro de los reporteros chinos de Estados Unidos.

Después de que regresé a China, Estados Unidos siguió endureciendo los controles. En mayo, Estados Unidos anunció que recortaría el período de estadía para las visas de trabajo de todos los periodistas chinos en Estados Unidos a 90 días, lo que causó gran incertidumbre entre ellos.

En el último semestre desde que regresé a China, a menudo recuerdo mis días en Nueva York. Encontré que Estados Unidos es una tierra de contradicciones con muchos rostros diferentes. En Nueva York vi una sociedad estadounidense diversa e inclusiva, en la ONU vi un país obstinado que desafía el multilateralismo y que siempre anda imponiendo sanciones a quienquiera que le parezca desagradable.

Tuve contacto con muchos neoyorquinos amables y amigables: el empleado de mantenimiento Willis que me instaló un sofá y no quiso que le pagara, el portero Wilmoth que conocía a todos los residentes de mi edificio de departamentos y que con entusiasmo recordaba a todos recoger sus paquetes, y el Dr. Martin Wolff, quien redujo mis gastos médicos y me explicó con paciencia mi afección.

Muchos estadounidenses son como ellos: tolerantes, respetuosos y serviciales. No son hostiles a China ni al pueblo chino. O más bien, muchos se benefician de la globalización económica y del desarrollo de las relaciones y el comercio China-Estados Unidos. Lo que les importa es tener una vida mejor y realizar su valía personal. Al contrario de lo que afirman algunos políticos estadounidenses, ellos son los menos interesados en la llamada “nueva Guerra Fría”.

La actual administración estadounidense siempre se ha jactado de la llamada política de “Primero Estados Unidos” y afirma que “Hará a Estados Unidos Grande Nuevo”. Pero cuando Estados Unidos abandona repetidamente el multilateralismo, se retira de las responsabilidades y obligaciones internacionales, se enfrasca constantemente en confrontaciones ideológicas y responsabiliza repetidamente a factores externos de sus fallas internas, la llamada política de “Primero Estados Unidos” sólo enfrentará más oposición y su codiciada “grandeza” 1sólo disminuirá.

(200126) — BEIJING, 26 enero, 2020 (Xinhua) — Periodistas asisten a una conferencia de prensa sobre la prevención y el control del brote del nuevo coronavirus llevada a cabo en la Oficina de Información del Consejo de Estado, en Beijing, capital de China, el 26 de enero de 2020. (Xinhua/Cai Yang) (ah) (da)
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