5G: rapidez ante una crisis multidimensional

Una red 5G ayudaría a acelerar los contactos a todos los niveles, particularmente los vínculos comerciales e industriales que urge revitalizar

Por AUGUSTO SOTO*

Hace pocos meses, el año 2020 se iniciaba con la perspectiva de futuro del despliegue del G5 impulsado por la empresa Huawei, que para el caso de Europa, se encontraba en un momento propicio. El COVID-19 ha logrado retrasar circunstancialmente innumerables decisiones relativas a este despliegue en la Unión Europea (UE) y en distintos continentes, pero a la vez ha acelerado acontecimientos que demandan urgentes necesidades a todos los niveles. Y si en enero ya existían una serie de argumentos fundamentales para establecer la conexión G5 en Europa, ahora se han fortalecido y añadido nuevas razones.

Motor en la coordinación logística y sanitaria

Con perspectiva retrospectiva se observa que la pandemia ha estado demostrando la importancia de la conexión G5 en todo lo referido a la inteligencia artificial (IA) necesaria para combatir el virus en Wuhan, en toda la provincia y, paralelamente, en la velocidad requerida para coordinar las operaciones logísticas de contención y para organizar parte de los desplazamientos de personas en China. Por contraste, como es bien sabido, estos aspectos han fallado en muchos países (entre ellos varios europeos) en el combate de la pandemia. De manera que vale la pena resaltar que con una red G5 (rápida y de costo asequible por definición) se podría estar coordinando inmejorablemente el aprovisionamiento del material sanitario y especialmente optimizando todos los aspectos administrativos de carácter preventivo preparatorio ante alguna disfuncionalidad que pudiera darse en los procesos de desescalada tras la cuarentena. De más está decir que la mayor y más desplegada red de comunicaciones en Europa sería una de las principales defensas ante los potenciales rebrotes del virus en las estaciones venideras del año y antes de la obtención de la vacuna. Algunos de los países del Mediterráneo –una de las zonas más afectadas por la pandemia–, además del Reino Unido, podrían optimizar la asistencia médica a la ciudadanía, así como la detección de síntomas a distancia.

No hay precedente de una colaboración científica mundial como la ocurrida en los últimos cuatro meses, comenzando con la composición genética, o genoma, del virus, publicada en Internet a inicios de enero, y continuando con la investigación científica e interdisciplinaria desde entonces, compartida con periodicidad. Igualmente, iniciativas nunca antes vistas, como la Cumbre Global de Respuesta del Coronavirus, organizada por la Unión Europea el 4 de mayo, y en la que China también participó, se enfocó en el logro de miles de millones de euros para la investigación de vacunas. Este esfuerzo requiere de más rapidez que una campaña internacional tradicional de recolección de fondos.

Relativo desacelerador de la caída económica

Sabemos por crisis económicas pasadas que sus inicios son críticos. El abrupto descenso en la actividad acompañado de una progresión del miedo a lo desconocido colaboró a que en la crisis económica de 2008-2009 se adoptaran decisiones en cascada que empeoraron la situación. Los agentes económicos recibieron una información paralelamente influenciada por grandes inversores, que adoptaron decisiones racionales, pero también emocionales y dependientes todos de tecnología entre 3G y 4G. 

Por cierto, la inmediatez no es la panacea si el Gobierno de turno actúa fuera de la lógica y la ciencia, como actuó la administración de Boris Johnson en el Reino Unido durante las primeras semanas de la emergencia y la administración Trump durante todo este año (y durante toda su presidencia). Sin embargo, cabe especular con fundamento que una tecnología 5G en manos de un buen gobierno en momentos críticos para actuar e intentar disminuir la intensidad de una brusca desaceleración económica es mejor que con una 4G. 

Esta crisis es la primera en la historia de la humanidad que transcurre en tiempo real. Ante el aislacionismo y virtual desaparición de iniciativas constructivas de la parte estadounidense, la UE y China debieran liderar. Una red de 5G como la de Huawei ayudaría a acelerar los contactos a todos los niveles, particularmente los vínculos comerciales e industriales que urge revitalizar, recomponer o reestructurar, además de los vínculos tecnológicos que importan por sí mismos. Por ejemplo, en el ámbito laboral el teletrabajo ha experimentado un impulso generalizado en cuestión de semanas. Paralelamente, la conocida técnica de impresión en 3D está a punto de implantar mejoras significativas y necesita reducir costes energéticos y escalar los niveles de producción. En fin, la estructura de datos conocida como blockchain, especialmente en sus aplicaciones en la empresa y la administración pública, nos aproxima a una inédita forma de hacer las cosas, pero es obvio que demanda escalar del 4G al 5G.

Coadyuvador de la ecología

Varios de esos vínculos técnicos que urge reforzar conducen inevitablemente a una transformación ecológica que debiera ser más pronto que tarde, no solo porque se ha demostrado que la contaminación ambiental favorece más la propagación de un virus que afecta al sistema respiratorio, sino por el bien conocido dato de que si no adoptamos medidas decisivas, el planeta, de estar simplemente amenazado con el actual ritmo de desarrollo, se puede malograr irreversiblemente. El 8 de mayo, la UE publicó un artículo en China Daily en la que aboga por una inversión conjunta Bruselas-Beijing en tecnología e infraestructura de energía limpia, asunto que se califica como “clave”. Hoy por hoy lo que es clave demanda una solución rápida. 

Ya es obvio que el mundo educacional se está trasladando significativa y definitivamente al mundo virtual. Más allá de que las prestaciones tecnológicas del 5G optimicen los viajes virtuales de alumnos y público en general en museos, ciudades y laboratorios, y que estimulen las discusiones entre científicos, analistas y artistas cara cara, cabe mencionar la difusión mundial. Destaca el reciente compromiso de la Red de Estudios de la Ruta de la Seda (de alcance global), con sede en Beijing, que se propone aportar en la construcción de la Ruta de la Seda de la Salud. Es un objetivo que por incluir una gran variedad de culturas entra en el rango de la educación y la cultura, y que debido a las evidentes restricciones presenciales demandará también escalar al 5G.

Es cierto que la pandemia ha favorecido teorías conspirativas en varios países. Basta mencionar el bulo grotesco que hace poco atribuyó a las antenas de Huawei en el Reino Unido el potencial para propagar el virus. Fue una nube desinformativa tóxica replicada en las redes sociales y que recuerda a quienes hace un siglo y medio se oponían a la electricidad y al tendido de alumbrado público presumiéndoles causar enfermedades.

De manera que cabe centrarse en lo que se debiera acometer y no en el reino del absurdo. El Acuerdo Global de Inversiones UE-China, previsto para su firma este año en el que se celebra la cumbre bilateral en la ciudad de Leipzig (Alemania) en septiembre, permite augurar una más sosegada apreciación de lo que significa actuar a tiempo. El mensaje es pragmatismo y eliminar lo redundante: a buen entendedor, pocas palabras.

*Augusto Soto es director de Dialogue with China Project y representante en España de la revista China Hoy.

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