Jóvenes graduados de China regresan a sus humildes hogares para contribuir al progreso

YINCHUAN, 13 ago (Xinhua) — Mientras muchos de sus compañeros iban tras sus sueños en las grandes ciudades, Yang Ke renunció el año pasado a los buenos sueldos y se dirigió al campo de la región autónoma de la etnia hui de Ningxia, en el noroeste de China, para servir a los residentes locales.

“Regresar para servir a los aldeanos es una decisión de madurez”, asegura Yang, de 29 años y con título de máster en políticas públicas de la Universidad de Nankai de Tianjin, una de las mejores de China. “La educación me ha cambiado y yo quiero cambiar el campo”, afirma.

Yang nació y creció en un poblado pobre en Ningxia. Antes de graduarse, trabajó como pasante en una empresa de Internet y se esforzó por fundar su propia compañía, pero siempre quiso devolver algo de lo aprendido a las áreas rurales.

“Pasé un mes en una comunidad de la región autónoma del Tíbet como parte de mi proyecto universitario, y me sentí muy cómodo con los aldeanos, así que decidí regresar al campo”, cuenta.

El presidente Xi Jinping ha subrayado la importancia de continuar con el espíritu de ardua lucha de los jóvenes chinos y exigió que siempre mantengan la excelente tradición de seguir adelante.

En vez de aprovechar las oportunidades en las grandes ciudades, algunos graduados universitarios chinos como Yang optan por servir al campo mediante un programa nacional que selecciona excelentes egresados universitarios y los envía a las áreas rurales durante un corto tiempo para perfeccionar sus habilidades y cultivar jóvenes talentos.

Los graduados trabajan a nivel de base para acumular experiencia durante algún tiempo, antes de ser seleccionados para diferentes puestos de trabajo en varios niveles.

En Ningxia, por ejemplo, 652 graduados universitarios fueron seleccionados para trabajar en el campo de 2013 a 2018, según datos oficiales.

“Son jóvenes pero de mente abierta y pueden aportar vitalidad al campo, donde los funcionarios locales son tradicionalmente mayores, menos formados e incluso incapaces de usar una computadora”, dice He Yuankai, funcionario que trabajó en la ciudad de Qingtongxia, en Ningxia.

COMBATIR LA POBREZA CON UNA MEJOR EDUCACIÓN

El presidente Xi instó a los jóvenes chinos de la nueva era a perfeccionar sus habilidades.

“En los últimos años, muchos jóvenes con ambiciones y responsabilidades han optado por trabajar diligentemente y dedicarse a la región occidental, contribuyendo al desarrollo económico y social local y la unidad étnica”, escribió Xi en una carta hecha pública en 2014.

Para los graduados seleccionados, el campo ha demostrado, sin duda, ser un lugar excelente para mejorar sus habilidades.

Para aprovechar mejor su potencial, los graduados seleccionados son enviados a las aldeas y se les asignan tareas contra la pobreza. El campo de batalla de Yang se encuentra en la aldea de Tongxin, a unos 30 kilómetros de la ciudad de Qingtongxia, donde muchos todavía viven bajo el umbral de la pobreza.

Tras llegar a la aldea en diciembre, Yang fue puerta a puerta preguntando por la situación de la gente y descubrió que los niños de las zonas rurales carecían de los recursos educativos adecuados.

“La educación es crítica para reducir la pobreza, pero también una forma de que los niños de la aldea cambien su destino”, opina. Así que empezó a dar clases gratuitas de matemáticas, física e inglés en su oficina a 40 niños de la aldea durante sus vacaciones de invierno.

Ocupado como estaba con los asuntos del pueblo durante el día y dando clases por la noche, Yang no cenaba muchas veces hasta pasadas las 21:00, o incluso más tarde. Debido a la falta de instalaciones, los estudiantes a menudo tenían que llevar sus propios taburetes a clase.

Para estas vacaciones de verano, Yang decidió ampliar su equipo de educadores y solicitó el apoyo de su universidad. Llegaron 12 maestros y subsidios de las autoridades locales. La clase se estableció en la escuela primaria local. En solo una semana, atrajo a más de 120 alumnos de la aldea y sus alrededores.

Yang ejerce de guardia de seguridad de la escuela y también como maestro a tiempo parcial. Para el aula preparó una lección especial llamada “sueña tu universidad”.

“Noto que la pobreza y la falta de educación les hace sentirse muy inferiores”, lamenta Yang, que explica que la lección consiste en pedir a los alumnos “que imaginen su vida universitaria”, y alentarlos a aprender para que su futuro sea mejor, con su historia como ejemplo.

UNA VALIOSA LECCIÓN DE VIDA

Siempre que los jóvenes sean lo suficientemente valientes para asumir responsabilidades y luchar contra las dificultades y los riesgos, el socialismo con peculiaridades chinas estará lleno de vitalidad, potencial y esperanza, destacó el presidente Xi.

Para Yang, aunque la enseñanza le da una sensación de satisfacción, las malas condiciones de vida en el campo le causan vergüenza, especialmente en el caluroso verano, cuando no hay ni donde darse una ducha.

“A veces me siento perplejo al ver a mis compañeros de clase surfear en la playa en las redes sociales, mientras que yo ni siquiera puedo ducharme”, confiesa Yang, que opone que, en contrapartida, “los aldeanos son encantadores porque apoyan lo que haces”.

Al igual que Yang, Hu Binbin, de 27 años, graduada de la prestigiosa Universidad de Pekín con una maestría en administración, también fue asignada a trabajar en la ciudad de Qingtongxia. Dos años después, se ha convertido en directora de una federación de mujeres del poblado.

Hu siempre les dice a las amas de casa locales que sean resueltas y autosuficientes, y usa todos sus recursos para recaudar dinero para las familias pobres.

“No recuerdo cuántas veces me han preguntado por qué elegí volver al campo, pero quiero ayudar a la gente rural y creo que la generación joven puede descubrir su valor incluso en las zonas rurales”, explica.