ENTREVISTA: Flora Fong, artista caribeña que se inspira en la dinastía Ming

por Chen Haoquan y Sergio Gómez

BEIJING, 11 jul (Xinhua) — La pintora cubana Flora Fong ha fundido la cultura cubana y la china para crear un arte distintivo, donde conviven en armonía las palmas del Caribe y los trazos milenarios de la caligrafía asiática.

Hija de padre chino y madre cubana, recientemente la artista viajó por cuarta ocasión a China, a la que considera su segunda patria a exponer en Beijing la muestra “El Caribe Ming: Imagen, caligrafía, verso”. Entre el 25 de junio y el 1 de julio, el público chino pudo apreciar las obras de Fong en la Biblioteca de la Capital de Beijing.

“Esta exposición para mí es un acercamiento grande a varios componentes que son esencia de mi obra”, dijo la pintora cubana en entrevista con Xinhua. “Ahora han llegado al lugar, a su destino, y me siento muy feliz de exponerla aquí (en China)”.

Fong ha estudiado a profundidad el pensamiento y la filosofía del país asiático para incluirla en su trabajo. Especial interés le despiertan periodos históricos como la dinastía Ming (1368-1644).

Con su arte, comenta, busca “remontarse a las raíces y beber de esas fuentes”. Considera su exposición como un “llamado de atención y un rescate a la poética y el lirismo de una época que no podemos olvidar”.

CONOCIENDO A LA FAMILIA CHINA

Antes de que Fong soñara incluso con convertirse en una pintora famosa, su padre chino despertó en ella una chispa que se convertiría en la pasión de su vida. “Nosotros éramos ocho hermanos, cinco mujeres y tres varones, y él nos hacía unas cometas chinas preciosas”, recuerda.

Mucho tiempo después, esas cometas se convertirían en una exposición especial de Flora, que necesitó la colaboración del padre, ya anciano, para rescatar la técnica.

Francisco, el nombre que escogió tras arribar a Cuba a comienzos del siglo pasado, nació en la ciudad de Taishan, que está bajo la administración del municipio de Jiangmen, en el sur de la provincia meridional de Guangdong.

“Mi padre siempre tuvo la ilusión de regresar a China”, confiesa, pero nunca lo pudo cumplir. Fue su hija, en cambio, la que cumplió el sueño.

En 1989, la pintora cubana viajó por primera vez a China para un intercambio cultural, oportunidad que aprovechó para buscar a su familia.

“Yo pensaba que iba a ser muy difícil encontrar a mis parientes, sin embargo, lo logré a través de un carnet de sociedad china de ultramar, donde estaba incluido mi padre”.

Flora descubrió entonces que su apellido original era Kuang, pero una mala traducción fonética en el caribe lo había convertido en Fong.

Regresó a China en 1997 y tuvo la oportunidad de conocer el municipio de Taishan y a 18 de sus parientes, incluidos cinco primos hermanos. “Fue un encuentro inolvidable”.

Fong reconoce que, tras la muerte de su padre, la familia ha ido perdiendo las costumbres chinas, pero han intentado mantener el vínculo de una u otra manera.

Los hijos de la pintora cubana, también artistas, siguieron sus pasos y viajaron en 2009 a conocer a sus primos chinos. “Tenían una barrera idiomática, pero lograron comunicarse a través de los dibujos, se entendían con caricaturas, y así pasaron una semana por allá”.

Su tercera visita fue a la ciudad de Shanghai en 2014 para la exposición colectiva “Rodando se encuentran”. En aquella oportunidad, la urbe le pareció un lugar “deslumbrante”.

EN CHINA EL SER HUMANO ES LO MÁS IMPORTANTE

El último viaje de Fong ocurre en un momento trascendental para la República Popular China, que se apresta a celebrar el 70º aniversario de su fundación.

La artista cubana ha sido un testigo excepcional de los cambios a lo largo de las últimas décadas y destaca la inteligencia del liderazgo chino para conducir el país por la senda del desarrollo.

“Hay que sentirse muy feliz y yo en lo particular lo siento en este viaje, que hay que respetar mucho a China”, asegura.

Entre los valores chinos, Fong destaca el respeto a la condición humana, el hecho de que el hombre tiene que crecer, desarrollarse, prepararse y estudiar para convertirse en una persona de bien.

“Ese concepto de ser un hombre de bien está en la esencia de China y se traduce a todos los campos del saber, a la ciencia, a la cultura y el deporte”, refiere.

La artista considera que a veces los chinos son demasiados duros consigo mismo y se dedican en exceso al trabajo. “Yo también lo siento así, en ese sentido soy más china que cubana”, confiesa.

Para Fong, el país de su padre está dejando una huella cada vez más profunda en el mundo, lo mismo en la región asiática que en un espacio más amplio como parte de la Iniciativa de la Franja y la Ruta.

“China se traza metas bien grandes y bien fuertes, pero que son siempre para ayudar a los pueblos”, opina.

“Si mi papá visitara China hoy, estaría muy orgulloso”, imagina Fong. “Por su procedencia humilde solo hablaba de trabajo, pero siempre estaba pendiente de cómo se iba levantando su país y de verdad que en la actualidad es un ejemplo para el mundo”.

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