Casa de té en China: una ceremonia para detener el tiempo

Según un maestro de la China antigua, hay cuatro principios que distinguen el camino del té o Cha Tao: la armonía, el respeto, la pureza y la tranquilidad. Estos principios son también base de la filosofía china, que busca mantener un equilibrio en la vida diaria entre trabajo, descanso, ocio, y así, llevar una vida saludable.
Beber té no sólo es una de las prácticas herbales más antiguas de la historia mundial, con unos miles de años de historia, sino que es aún hoy una de las tradiciones más importantes de China. Su pasión por el té los ha llevado a explorar diferentes tipos de hojas, cultivos, sabores y fusiones. Son los principales productores y consumidores del mundo, registrando tan sólo el año pasado una producción de 1.75 millones de toneladas con un consumo de 1.4 millones de toneladas. 
Su fuerte presencia dentro de la historia china, le ha hecho ganarse un espacio fundamental dentro de las costumbres sociales. Es así como nació y se estableció la ceremonia del té, un conjunto de rituales que aún perduran, y que se pueden saborear en las tradicionales casas de té en China.
Las casas de té han servido desde siempre como un centro de reunión. Servía para hacer negocios, para presenciar espectáculos artísticos, para discutir acuerdos políticos y sociales. La práctica se interrumpió durante la Revolución Cultural, cuando fue considerado una actividad ociosa e improductiva.
Visitamos una de las casi 800 casas de té que se encuentran en Beijing, cerca de la Plaza Tiananmen, en pleno centro de la ciudad. Es un pequeño local, de no más de 200 metros cuadrados, divididos en 19 pequeños cuartos con paredes de madera en donde los recintos están separados por finos tabiques de bambú.
En cada cuarto hay una especialista de la ceremonia del té. Daisy, una chica joven, tímida y de figura pequeña, es la encargada de revelarnos los encantos de la bebida. “El té debe cuidarse, porque tiene alma”, dice, dando inicio a la ceremonia. Tiene una sonrisa discreta que no abandonará durante toda el proceso.
Cada té tiene su propia tetera, pues el olor se impregna en el barro de forma permanente y cada tipo de té tiene su propio vaso -largos para el rojo, pandos para el verde, de vidrio para los florales- para potenciar su sabor y aroma. Y las disponen sobre unas tablas o mesas de madera, con ranuras por donde se filtran los líquidos que fluyen durante el ritual.
Daisy lava las teteras y los pequeños vasos con agua muy caliente, y para no quemarse, usa unas pinzas de bambú de forma ágil pero solemne. Las llena de agua y las purifica con el vapor que se desprende. Mientras se secan, empuja de un recipiente unas hojas de té hacia la tetera con una pala de bambú.
Entonces vierte un poco de agua caliente -sólo un poco- en la tetera hasta que las hojas se hinchen y de ellas brote un color fuerte que se difumina lentamente. En ese momento, agrega el resto del agua. Cuando las hojas han desprendido toda su esencia, sirve una primera copa que tira, pues nos cuenta que esta no debe beberse por su fuerte sabor.